Lautaro
Lautaro ( mapudungun Lef-traru o Lev-traru, traro veloz ) Nace en Tirua en el año de 1534 y fallece en Peteroa año de 1557, destacado lider mapuche que peleo en la guerra de Arauco durante la primera face de la conquista española.
Hijo del lonko de la zona llamado Curinancu ( mapudengun Kuru-ñangku negra - aguila), vivio una vida normal hasta que en el año 1546, teniendo alrededor de 12 años de edad, fue capturado por las huestes de Pedro de Valdivia en las inmediaciones de Concepción.
Tras la captura se le hizo " yanacona " ( en español servidumbre el era encargado de los caballos de las armas y armaduras de los españoles). Permaneció como prisionero de los españoles durante seis años, en los que llego a ser paje personal de Valdivia.
Aprendió a no temerles a los caballos se hizo un buen jinete, observo las disposiciones de batalla de los españoles, y aprendió de Valdivia sus tácticas militares.
Durante este periodo, tuvo un grado de amistad con uno de los capitanes de Valdivia, Marcos Veas, quien le enseño el uso de algunas armas y tácticas de caballería.
El 22 de febrero de 1550, durante la batalla de Andalien y la batalla de Penco, el 12 de marzo del mismo año, Lautaro fue testigo de los escarmientos a los que Valdivia hizo someter a los derrotados mapuches, mutilando a los prisioneros y liberándolos después, como ejemplo para evitar rebeliones, esto lo impacto profundamente, a raíz de estos hechos violentos hacia su pueblo, se engendra en su interior una terrible decepción y rebelión en su ser con respecto a Valdivia y a los españoles. Y decidió fugarse a la primera ocasión que pudiese, y así lo hizo el año de 1552 se fugo con un caballo y la corneta de Pedro Godinez, el maestro de campo de Valdivia, regresando a su pueblo.
Lautaro se presento ante los sorprendidos lonkos presididos por Colo-Colo y algunos de sus capitanes, Paicavi, Lemo-Lemo, Lincoyan, Tucapel y Elicura. Ya vencidos los naturales recelos, Lautaro demostró resueltamente sus naturales dotes de líder innato, les enseña a su gente a perderles el miedo a las cabalgaduras, aprendieron a montar y a utilizar el caballo en las batallas contra los españoles, les enseño las artes militares y el uso de armas nuevas, diseño tácticas militares como el uso de escuadrones, elección del terreno, tácticas de emboscadas etc.
Teniendo la autoridad de los Lonkos, fue elegido Toqui, jefe máximo en estado de guerra, y dirigió una gran sublevación militar contra los españoles.
Lautaro captura un emisario español y se entera que Valdivia marcha hacia el sur y necesariamente tiene que pasar por Tucapel, los espías mapuches siguen la columna desde las alturas de los cerros y no le presentan batalla, dejándolo hacer su camino, Valdivia muestra mucha extrañeza de no recibir noticias del fuerte Tucapel y de ademas no ser hostigado por los mapuches.
Valdivia manda a 5 hombres para que exploren el camino y den información de la presencia del enemigo, no los vuelve a ver, extrañado Valdivia de no tener noticias decide pernoctar a media jornada del fuerte Tucapel.
El día de Navidad de ese año, se pone temprano en marcha y al llegar a las inmediaciones le extraña el silencio reinante. Al arribar a la loma donde esta el fuerte, lo encuentra totalmente destruido, Valdivia decide hacer el campamento en las ruinas humeantes del fuerte, estaban en eso cuando de súbito de entremedio del bosque aparece una masa de mapuches que se precipito hacia el enclave español. Los españoles se defendieron como podían al no estar preparados para la lucha, descompusieron la carga mapuche y estos tuvieron que volver a los bosques, los españoles saborearon la victoria, pero cual seria su sorpresa cuando apareció un nuevo escuadrón presentándole combate, y así se repitió la misma escena, Valdivia , viendo desesperada la situación, dado el cansancio y las bajas de sus hombres decidió retirarse, pero el propio Lautaro cayo por el flanco produciendo el desbande español, Valdivia y el clérigo Pozo al cruzar unas ciénagas los caballos se empantanaron y los mapuches los capturaron.
Valdivia es llevado prisionero antes los Lonkos, después de ser capturado en la batalla de Tucapel, pero ante un descuido, un Cacique llamado Leucoton le da muerte con un mazazo en la nuca, y su cráneo fue usado como trofeo por mas de 50 años.
El vencedor araucano arraso con las ciudades españolas, ataco, saqueo y incendio Concepción, centro de asentamientos españoles en el sur de Chile.
Francisco de Villagra despues de sufrir la derrota de manos de Lautaro y haber sido salvado por sus compañeros al haber caído prisionero emprende rumbo hacia Santiago.
Desde abril hasta noviembre de 1554 no hubo mayor actividad de Lautaro, ademas las cosechas no se habían realizado por la guerra, y la hambruna empezaba aparecer, así como las enfermedades traídas por los españoles.
En diciembre de ese año una avanzada española llega por tierra y por mar para empezar a reconstruir Concepción.
Lautaro reúne a su gente y se dirige a Angol destruyéndola y después continua hacia Concepción venciendo a los españoles nuevamente
Durante dos años no se volvió a saber de los Españoles en la región.
Lautaro pese a la hambruna y las enfermedades reúne a 200 guerreros y cruza el Bio-Bio, siguiendo hacia el norte .
Pedro de Villagra reunió algunos hombres y marcho a combatir contra Lautaro que se encontraba en la localidad de Peteroa, Lautaro supo que venia y lo dejo pasar, atacandolo por la espalda, y Villagra tuvo que replegarse, Lautaro cruzo el Itata y reagrupo sus fuerzas, atravesando el Maule y sabiendo que Francisco de Villagra venia con un ejercito lo dejo pasar hacia el sur y el siguió hacia el norte.
Lautaro abuso con el pueblo Picunche, ganándose enemigos, entre ellos el cacique Chillican, quien vio morir a su padre de manos de Lautaro, desertando de su ejercito.
Después de reunir un pequeño ejercito las avanzadas españolas capitaneadas por Francisco de Villagra, son informadas en Reigolen por un indio llamado Chillican de que Lautaro acampaba en un fortín en el rió Mataquito, al norte del pueblo del mismo nombre, y callendo de sorpresa en la madrugada, sorprende a Lautaro en su ruca quien estaba en compañía de Guacolda su mujer, alcanzo a salir de su ruca, con la espada de Valdivia en su mano y murió atravesado de un lanzazo en su pecho, mientras que los suyos fueron masacrados por los españoles, después de mas de 5 horas de lucha.
Con la muerte de Lautaro desaparece la figura notable de la guerra de Arauco, nadie mas llego a igualar sus condiciones de líder ni su genio militar, que estuvo a la altura de los grandes estrategas de su época.
El cadáver de Lautaro fue desmembrado y su cabeza se exhibio en la plaza de armas de Santiago por largo tiempo ensartada en una lanza española.
El liderazgo de Lautaro
Lautaro demostró tener condiciones innatas de líder, pronto además demostraría tener condiciones de estratega militar. Con un elocuente discurso, pronto su pueblo le respondió a sus exigencias y planteamientos, siguiéndole en su aventura militar. Enseñó a su pueblo, basándose en demostraciones propias, a luchar en escuadrones, aprovechando el terreno y usando formas defensivas contra las cargas de caballería. Les enseñó que la retirada no era cobardía, sino una forma táctica de combate. Asimismo, inculcó el uso del toque de corneta, como elemento de obediencia táctica de los escuadrones, como hacían los españoles. Además creó un verdadero servicio de "investigaciones e inteligencia", utilizando hombres, mujeres y adolescentes.
A ellos se les brindaba una preparación profesional, por ejemplo en caracterizaciones: simulaban ser borrachos, locos, cristianos o traidores de su pueblo con el fin de trabajar como falsos colaboradores, sirvientes o esclavos de los españoles, simulando no entender el idioma español y así sacar información vital, además de difundir noticias o datos incorrectos sobre los posibles ataques del ejército mapuche; además realizaban entrenamientos de visibilidad nocturna, sometiendo al agente a vivir durante días sin ver la luz del sol, con el fin de que posteriormente en las noches, hiciera el trabajo de espionaje nocturno, viendo como si fuese de día; además se les enseñaba el exclusivo sistema de comunicación mediante el movimiento de ramas de árboles. Lautaro eligió e instruyó a comandantes para las diversas secciones de su completo y jerarquizado ejército; Incluyendo a un toqui jefe del servicio de investigaciones, el cual supervisaba y daba cuenta de las acciones de su servicio. Físicamente, Lautaro era un joven no muy alto, más bien grueso, de unos ojos negros penetrantes(Ciego de nacimiento de su ojo izquierdo), cuerpo robusto y rostro lleno. Anchas espaldas y torso levantado, de agradable apariencia. Vestía una camiseta colorada española, un bonete de cuero grana. La cabeza rapada era coronada con un copete que se dejaba como insignia de generalato; además portaba la simbólica Toki Kura, emblema de piedra que cuelga del cuello, además de la Clava que portaba en su mano, símbolos del jefe de guerra o Toki.
Batallas de Lautaro
Batalla de Andalién (como yanacona, no comprobada o improbable su participación)
Batalla de Penco (como yanacona, no comprobada o improbable su participación)
Catorce de la fama
Batalla de Tucapel
Batalla de Marihueñu
Primera destrucción de Concepción
Segunda destrucción de Concepción
Batalla de Peteroa
Batalla de Mataquito
Muerte de Lautaro
Las avanzadas españolas capitaneadas por Francisco de Villagra, quienes estaban al sur de las fuerzas araucanas fueron informadas en Reinoguelen por un indio (ya mencionado anteriormente) de que Lautaro acampaba en un fortín en el río Mataquito, al norte del pueblo del mismo nombre, en la falda de un cerro llamado Caune (actualmente llamado Caone) de difícil perfil, donde había un sendero denominado camino de Las Palmas, muy cerca del lugar llamado Peteroa. Villagra tan pronto se dio cuenta de la información que tenía envió por la avanzada del capitán Godinez para que se reuniera con él en el pueblo de Mataquito. Reunidas las fuerzas, Villagra avanzó en la noche oculto hasta las inmediaciones viniendo por la orilla del río Mataquito. Las informaciones obtenidas por Lautaro le hacían suponer lejos al enemigo que había dejado al sur y por tanto descuidó la vigilancia del emplazamiento y no supo del acercamiento de Villagra y Godinez, ya sea por que los naturales de la zona no dieron la alarma o bien ocultaron la información. Además le fue informado que la noche anterior las huestes de Lautaro había estado embriagándose en una celebración, si la maniobra salía bien la sorpresa iba a ser total. En el amanecer del jueves 1º de abril de 1557, Francisco de Villagra más su primo Juan de Villagra, Diego de Altamirano y 57 jinetes, cinco arcabuzeros y más de 400 yanaconas, si se compara, era una fuerza relativamente pequeña si se piensa que al menos eran 800 mapuches en el campamento. Villagra con mucha cautela hizo avanzar algunos yanaconas exploradores y estos volvieron diciendo que no habían centinelas, lo que le hizo predecir a Villagra que el campamento estaba en el más absoluto reposo. Las huestes españolas se acercaron de amanecida al fortín subiendo por una serranía empinada y tendieron su línea de ataque, Villagra en voz baja dirigió unas palabras a sus acompañantes representándoles la responsabilidad del éxito y que la suerte de la colonia dependía de esta acción.
Villagra ya había organizado la forma de ataque cuando un trompeta impaciente tocó la señal antes de tiempo. De inmediato, los mapuches salieron a empuñar sus armas y Villagra gritaba -¡Santiago y cierra España, adelante!! estos sorprendieron a las huestes lautarinas totalmente, creándose el desconcierto y la huida. El lugar donde estaba Lautaro era conocido por los espías indígenas de Villagra, por tanto se dirigieron resueltamente a la ruca que albergaba a Lautaro quien estaba en compañía de su mujer Guacolda. Lautaro salió de su ruca, con la espada de Valdivia en mano y murió atravesado en la misma puerta de un lanzazo mientras que los suyos eran tomados por sorpresa y masacrados, los españoles jubilosos gritaron: -¡Aquí españoles que Lautaro es muerto!-(1557).
A pesar de la muerte del líder los mapuches dieron una valiente resistencia durando más de 5 horas de brega, en la que al final cayeron 663 indios y capitanes, logrando apenas escapar unos 130. Con el fin de Lautaro, desaparece una figura notable de la guerra de Arauco, nadie más llegó a igualar sus condiciones de líder ni su genio militar, que estuvo a la altura de los grandes estrategas de su época.
Los españoles causaron más de 650 bajas mapuches, y los españoles perdieron a Juan de Villagra (primo de Francisco de Villagra) quien murió de un lanzazo en plena boca, además de todos los castellanos heridos, más 200 yanaconas heridos o muertos más muchos caballos. El cadáver de Lautaro fue desmembrado y su cabeza se exhibió en la plaza de Armas de Santiago por largo tiempo ensartada en una lanza española.
Batalla de Mataquito
La batalla de Mataquito fue un encuentro militar sucedido en el contexto de la guerra de Arauco sucedida el 30 de abril de 1557, se trató de un ataque sorpresa de los españoles dirigidos por Francisco de Villagra contra el campamento fortificado de Lautaro ubicado entre la orrilla del río Mataquito y una montaña.
Causas
A principios de 1557 tras la retirada mapuche posterior a la batalla de Peteroa Francisco de Villagra juntó gran cantidad de soldados y marchó al sur a auxiliar a las ciudades acosadas por la sublevación general indígena iniciada tras la muerte de Pedro de Valdivia pero dejo la ciudad de Santiago sin un contingente importante que la defendiera. Viendo su oportunidad de destruir el núcleo del poder español Lautaro evadió a Villagra dejándole pasar al sur. El toqui contaba con 10.000 guerreros8 a los que se les sumaron otros 6.000 aliados promaucaes y picunches al mando de Panigualgo.9 Sin embargo, en cuanto llegaron a las orillas del Mataquito el mal trato que dio Lautaro a sus aliados tras una pelea con estos llevó a que la mayoría de los guerreros abandonara la expedición a la que se les sumó los continuos castigos que dio a los poblados indígenas que se negaron a apoyarlo. Tras esto Lautaro se movío con sus fuerzas restantes cruzando el río a Lora donde establecio un campamento fortificado10 en una zona llamada como el río homónimo, Mataquito.
La batalla
Los aliados que desertaron tras los abusos de Lautaro fueron a informar a Villagra sobre la localización del campamento por lo que este envió a un mensajero a ordenar a Juan Godíñez que partiera de Santiago al sur mientras el volvía rápidamente con 70 hombres, ambas fuerzas se juntaron en una zona de la provincia de Gualemo a tres leguas del campamento mapuche con total desconocimiento de sus enemigos.12 La fuerza de Villagra y Godíñez sumaba 57 jinetes (incluido Pedro Mariño de Lobera y Alonso López de la Eaigada), cinco arcabuzeros y más de mil yanaconas, se decidio marchar de noche secretamente a la cima de las colinas de Caune quedando por encima del campamento de Lautaro mientras este se hallaba con sus hombres en una borrachera celebrando lo que esperaban fuera una pronta victoria.13
Al amanecer Villagra lanzó un sorpresivo ataque en el que fue muerto Lautaro cuando salía de su ruca. Tras escucharse los gritos de los españoles celebrando la muerte del caudillo los guerreros de Itata, Ñuble y Reinoguelén escaparon14 dejando solos a los mapuches de la Araucanía que conbatieron en una terrible batalla de seis horas hasta que los sobrevivientes fueron obligados a huir.
Consecuencias
Quedaron en el campo 250 a 500 de sus compañeros.6 Los españoles solo sufrieron la perdida de Juan de Villagra pero más de la mitad de sus yanaconas quedaron en el campo muertos. La cabeza de Lautaro fue cortada y exhibida en la plaza principal de Santiago, pero a diferencia de lo que creyeron los españoles la sublevación general no finalizó con su muerte y serían necesarias las victorias de García Hurtado de Mendoza en Lagunillas y Millarapue para calmar la situación.
Legado ideológico y estratégico
La extinta Logia Lautarina o Logia Lautaro, creada en el siglo XIX en Londres por Francisco de Miranda, lleva su nombre por el ejemplo de resistencia ante los españoles.
"Ha cambiado la historia para nosotros, claro. Los "libros oficiales" dicen que son otros los que la hicieron y la siguen haciendo por nuestros pueblos. Los héroes de esta historia, en un mundo "civilizado" en el que ya no debiera haberlos, son los invasores. Mas Caupolicán empalado, enfrentándolos, representa el suplicio de nuestro pasado que entra ardiendo en nuestros corazones. Lautaro es el futuro que vislumbramos, detrás de la cortina del misterio y del compromiso, y que saldrá como la luz de nuestros ojos".
Elicura Chihuailaf
Es considerado como uno de los más grandes estrategas militares de todos los tiempos al lado de Alejandro Magno, Aníbal, Julio César, Napoleón, Wellington y Georgi Zhúkov. Sus estrategias son aún estudiadas en centros militares de diversas partes del mundo, especialmente la de explotar la superioridad numérica al atacar en grupos sucesivos para cansar a un enemigo más adelantado y mejor equipado, como también la táctica de aislar los distintos cuerpos de los ejercitos para así no permitir su comunicación.
Es muy recalcada la figura de Lautaro en los escolares chilenos, considerándolo como un icono nacional y el primer gran general chileno. De hecho fue elegido por estudiantes y profesores en el concurso Grandes Chilenos como el séptimo más grande chileno, superando a figuras como Gabriela Mistral, Pablo Neruda y Violeta Parra.
La comuna de Lautaro, cercana a Temuco, recibe su nombre de él.
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Inés de Suárez
Infancia y juventud
Inés de Suárez nació en Plasencia en 1507, España (por ese entonces aún corona de Castilla, ya que la unión de los reinos españoles todavía no se había consumado totalmente).
Su abuelo era artesano ebanista, perteneciente a la cofradía de la Veracruz. Su madre, quien le enseñó el oficio de costurera, pertenecía al pueblo llano. Tenía una hermana llamada Inés Echeverría (era adoptada). Ella era su única amiga por ser ella alguien poco sociable que no se entendía bien con la demás gente.
En 1526, a la edad de 19 años, conoció a quien sería su primer marido, Juan de Málaga. Contrajo matrimonio años después, gracias a las influencias de su abuelo, ya que Juan de Málaga era aventurero por naturaleza. De esta unión no nacieron hijos, pues Inés de Suárez era estéril.
Entre 1527 y 1528, Juan, su marido, se embarcó con destino a Panamá e Inés permaneció en España esperándole. Pasaron los años y sólo recibió noticias de él desde Venezuela. En 1537, consiguió licencia real y se embarcó hacia las Indias en busca de su marido.
Llegada a América
En 1537, cuando contaba con algo menos de 30 años de edad, llegó a América en la búsqueda de su esposo, del que sólo tuvo información con motivo de su muerte en la Batalla de las Salinas.
Como compensación por ser viuda de un soldado español, recibió más tarde una pequeña extensión de tierra en Cuzco, donde se instaló, así como una encomienda de indígenas.
Conoce a Pedro de Valdivia
En Cuzco conoció a Pedro de Valdivia, maestro de campo de Francisco Pizarro y posterior conquistador de Chile, recién vuelto tras la batalla de las Salinas (1538). Entre ambos se forjó una estrecha relación que finalmente los llevó a ser amantes. No se han hallado evidencias de que llegasen a conocerse antes de 1538.
Hacia la conquista de Chile
A finales de 1539, decidió marchar junto a Pedro de Valdivia en su expedición a las tierras de Chile. Para ello Valdivia solicitó autorización para ser acompañado por Inés, la que Pizarro concedió mediante carta, aceptando que la mujer le asistiese como sirviente doméstico, pues de otro modo la Iglesia hubiese objetado a la pareja.
En el viaje, Inés prestó diversos servicios a la expedición, por lo que fue considerada entre sus compañeros de viaje, según Tomás Thayer Ojeda, como «una mujer de extraordinario arrojo y lealtad, discreta, sensata y bondadosa, y disfrutaba de una gran estima entre los conquistadores».
A los once meses de viaje (diciembre de 1540), la expedición arriba al valle del río Mapocho, donde fundaron la capital del territorio con el nombre de Santiago de Nueva Extremadura. Este valle era extenso, fértil y con abundante agua potable; pero ante la hostilidad de los naturales, la base de la ciudad se estableció entre dos colinas que facilitaban disponer posiciones defensivas, contando con el río Mapocho a modo de barrera natural.
Toma parte en la defensa de Santiago
Poco después de establecer un asentamiento en el lugar, Valdivia envió una embajada con regalos a los caciques locales con el propósito de demostrar su deseo de paz. Éstos, aunque aceptaron los presentes, lanzaron un ataque contra los españoles, con el cacique Michimalonco como líder. Según la historiografía española, ya a punto de derrotar a los españoles, los indígenas de pronto abandonaron las armas y huyeron en estampida, logrando ser capturados algunos de ellos. Posteriormente los cautivos declararían haber visto "a un hombre montado sobre un caballo blanco que, empuñando una espada, bajó de las nubes y se abalanzó sobre ellos", siendo esta misteriosa aparición la que provocó su huida. Los españoles consideraron que la milagrosa aparición no era sino Santiago, por lo que, en señal de agradecimiento, dieron el nombre de Santiago de la Nueva Extremadura a la recién fundada ciudad con fecha 12 de febrero de 1541.
El 9 de septiembre de 1541, Valdivia, cuarenta jinetes y tropas auxiliares incas abandonaron la ciudad para sofocar una rebelión de los indígenas cerca de Cachapoal. Apenas llegada la mañana del día siguiente, una joven yanacona volvió con la noticia de que los bosques periféricos al asentamiento se encontraban llenos de indígenas hostiles. Al preguntar a Inés si consideraba que siete caciques que se encontraban prisioneros debían ser liberados en señal de paz, ella lo consideró como una mala idea, ya que, en caso de ataque, los líderes recluidos serían su única posibilidad de pactar una tregua. El capitán Alonso de Monroy, a quien Valdivia había dejado al mando de la ciudad, consideró acertada la suposición de Suárez y decidió convocar un consejo de guerra.
Antes del alba del 11 de septiembre, jinetes españoles salieron de la ciudad para enfrentarse a los indígenas, cuyo número en un principio se estimaba en 8.000 hombres, y posteriormente 20.000. Pese a contar los españoles con caballería y mejores armas, los indígenas eran una fuerza superior, y al anochecer lograron que el ejército rival se batiese en retirada cruzando el río hacia el este, refugiándose de nuevo en la plaza. Entre tanto, los indígenas, lanzando flechas incendiarias, consiguieron prender fuego a buena parte de la ciudad, dando muerte a cuatro españoles y varios animales. Tan desesperada parecía la situación que el sacerdote local, Rodrigo González Marmolejo, afirmó que la batalla era como el Día del Juicio y que tan sólo un milagro podía salvarlos.
Muerte de Quilicanta y caciques rehenes
Durante el ataque, la labor de Inés había consistido en atender a heridos y desfallecidos, curando sus heridas y aliviando su desesperanza con palabras de ánimo, además de llevar agua y víveres a los combatientes y ayudando incluso a montar a caballo a un jinete cuyas serias lesiones le impedían hacerlo solo. Pero aún tendría que desempeñar un papel decisivo en la lucha: viendo en la muerte de los siete caciques la única esperanza de salvación para los españoles, Inés propuso decapitarlos y arrojar sus cabezas entre los indígenas para causar el pánico entre ellos. Muchos hombres daban por inevitable la derrota y se opusieron al plan, argumentando que mantener con vida a los líderes indígenas era su única baza para sobrevivir, pero Inés insistió en continuar adelante con el plan: se encaminó a la vivienda en que se hallaban los cabecillas, y que protegían Francisco Rubio y Hernando de la Torre, dándoles la orden de ejecución. Testigos del suceso narran que de la Torre, al preguntar la manera en que debían dar muerte a los prisioneros, recibió por toda respuesta de Inés "De esta manera", tomando la espada del guardia y decapitando ella misma al primero a Quilicanta y después a todos los caciques tomados como rehenes, y que retenía en su casa, por su propia mano, arrojando luego sus cabezas entre los atacantes.
Afirma un testimonio que "(...) salió a la plaza y se dispuso frente a los soldados, enardeciendo sus ánimos con palabras de tan exaltadas alabanzas que la trataron como si fuese un valiente capitán, y no una mujer disfrazada de soldado con cota de hierro". Avivado el coraje de los españoles, éstos aprovecharon el desorden y la confusión causada entre los indígenas al topar con las cabezas decapitadas de sus caciques, logrando poner en fuga a los atacantes. La acción de Inés en esta batalla sería reconocida tres años después (1544) por Valdivia, quien la recompensó concediéndole una condecoración.
Cuestionamiento de la unión ilegítima de Valdivia
A la luz de los hechos posteriores, la unión de más de diez años entre Pedro de Valdivia e Inés de Suárez no era bien vista entre algunos vecinos de marcado fervor religioso, hecho que se sumaba a otras críticas hacia el gobernador.
Valdivia sale hacia el Perú en 1548 junto a Gerónimo de Alderete a buscar ayuda y afianzamiento como gobernador ante el representante de la corona en el Perú. Se entrevista con Pedro de la Gasca, quien después de probar su fidelidad y gracias a la intervención del mismo Valdivia en la batalla de Xaquixahuara que derrota a Gonzalo Pizarro, se gana su estima y lo reconoce como gobernador de la Capitanía General de Chile, fijando sus límites y permitiéndole pertrecharse.
No obstante, la llegada de vecinos enemistados con Valdivia desde Chile provoca un juicio de residencia a Pedro de Valdivia, quien ya había tomado el camino del sur, y tiene que volver desde Arequipa a enfrentarse a los cargos en su contra, entre ellos la unión ilégitima con Inés de Suárez. El Virrey Pedro de la Gasca, después de escuchados los alegatos, lo exonera de todos los cargos, excepto en lo relacionado con Inés de Suárez. De la Gasca ordena imperativamente a Pedro de Valdivia que termine su relación con Inés de Suárez, ordenándole casarla con un vecino de su elección, recomendándole seguir las directivas de la iglesia respecto de su legítimo matrimonio con Marina Ortiz de Gaete. El Virrey, como sacerdote, no podía hacer la vista gorda ante una relación extramarital pública y notoria.
Ante esto, Valdivia promete su palabra de caballero de dar cumplimiento cabal a la sentencia dictada y de traer a su esposa al continente americano.
Valdivia cumple la sentencia de De la Gasca
Después de volver Valdivia del Perú en 1549, acata lo acordado con la sentencia de De la Gasca y arregla el matrimonio de Suárez con uno de sus mejores capitanes, Rodrigo de Quiroga. Para entonces tenía ella 42 años.
Valdivia ordena a Gerónimo de Alderete, entre otras cosas, regresar a España y traer de vuelta a Marina Ortíz de Gaete, su legítima esposa, a la que nunca llegaría a ver puesto que Pedro murio antes de que Marina Ortiz llegase a Santiago con el titulo de Gobernadora.
Últimos años
Tras casarse con Quiroga, Inés se caracterizó por llevar una vida tranquila y religiosa. Junto a su marido, quien fue persona principal en Chile, contribuyó a la construcción del templo de la Merced y de la ermita de Monserrat, en Santiago. No tuvieron hijos. Rodrigo de Quiroga tuvo sólo una hija mestiza en forma extramarital. Doña Inés murió alrededor del año 1580, ya de avanzada edad, el mismo año que murió su marido.
Gabinete de Inés de Suárez en el Museo del Carmen de Maipú.
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Contralmirante Miguel Grau Seminario
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Don Diego de Almagro el Descubridor de Chile
Nació en 1479 en la Villa de Almagro, España, y murió ajusticiado en El Cuzco, Perú, en 1538. Fue hijo de Elvira Gutiérrez y de Juan Montenegro, quienes no llegaron a casarse. Como su padre no cumplió con la promesa de matrimonio hecha a Elvira, ella decidió esconder a su hijo y enviarlo al cuidado de Sancha López del Peral
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- A los cinco años de edad, Diego fue acogido por su padre, pero este murió al poco tiempo, debido a lo cual quedó al cuidado de su tío materno, Hernán Gutiérrez, de cuya casa huyó a la edad de 15 años. Su triste y solitaria niñez, y una juventud incierta, no le permitieron estudiar; no sabía leer ni escribir, lo que no oscurece las virtudes que le reconocen los cronistas: honrado, franco, generoso y de gran ánimo. Según Cieza de León, Diego de Almagro "era de pequeño cuerpo, de feo rostro e de mucho ánimo, gran trabajador, liberal aunque con jactancia, de gran presunción, sacudía con la lengua algunas veces sin refrenarse. Era avisado y sobre todo muy temeroso del rey". Participó en las empresas de Conquista de Panamá y el Perú. Desde este último territorio emprendió en 1535 la exploración de Chile. La Conquista del Perú Almagro llegó a América en 1514, con la expedición que, bajo el mando de Pedrarias Dávila —o Pedro Arias de Ávila—, conquistó Panamá. Allí conoció a Francisco Pizarro, quien llegaría a ser su socio en una serie de proyectos, siendo el más grande de ellos la Conquista del Perú, a donde llegaron en 1532. En la formación de esta empresa también intervino Hernando de Luque, clérigo que prestaba sevicios en Panamá y el que invirtió una gran cantidad de dinero en el proyecto. Es importante señalar que todas las empresas conquistadoras de América eran financiadas por sus propios integrantes y que, eventualmente, el Estado podía realizar algunos aportes, pero siempre en especies, nunca en dinero. La amistad entre Pizarro y Almagro empezó a quebrarse en 1526 cuando el primero, a nombre de todos los inversionistas, firmó con el Rey la Capitulación de Toledo. Esta era un instrumento mediante el cual la Corona autorizaba la Conquista del Perú y se fijaban las recompensas que cada uno de los socios recibiría. Con anterioridad, estos se habían comprometido a repartir equitativamente los beneficios; sin embargo, al tratar con las autoridades hispanas, Pizarro logró para sí una mayor cantidad de premios y títulos. A pesar de ello, Almagro obtuvo de todos modos una importante fortuna, y por sus servicios el Rey se le concedió —en noviembre de 1532— el tratamiento de don y se le asignó un escudo de armas. Riqueza mítica Deseando alcanzar mayor prestigio, en 1534 Almagro obtuvo la gobernación de Nueva Toledo, la que según la Capitulación que su representante había firmado con Carlos V, comprendía las tierras ubicadas entre los paralelos 14 y 25 de latitud sur, es decir, desde El Cuzo hasta Taltal. Según los indígenas, estas tierras eran abundantes en oro, lo que justificaría cualquier esfuerzo. Almagro demoró 6 meses en alistar su expedición. No tuvo problemas en conseguir a los hombres, que mandó reclutar en El Cuzco y en Lima. Con su fortuna personal equipó a los soldados que no tenían recursos. Se compraron armas, herramientas, herraduras, pólvora, y otros utensilios necesarios. En total, se calcula que la empresa habría costado un millón y medio de pesos castellanos. Cuando Almagro salió hacia Chile, el 3 de julio de 1535, quedaba pendiente en el Perú la disputa con Pizarro por la ciudad del Cuzco, que ambos creían entraba en su gobernación. Llega al Valle de Copiapó La ruta utilizada por Almagro para conducir a su hueste —integrada por alrededor de 500 españoles, 100 esclavos negros y 10.000 indígenas— pasaba por el Altiplano boliviano, bordeando el río Titicaca para llegar a Paria, Tupiza y desde ahí a Chicoana, girando luego hacia el suroeste para cruzar la Cordillera de los Andes por el paso de San Francisco. El camino fue duro y extenuante. La fase más difícil fue el cruce de la cordillera: a casi 4.000 metros de altitud, el frío, el hambre y el cansancio significaron la muerte de españoles e indígenas, pero mayoritariamente de los esclavos, poco acostumbrados a climas tan rigurosos. La tradición dice que en algunas ocasiones algún soldado se detenía a descansar y moría congelado; que otro, al sacarse una de sus botas vio con horror como los dedos de sus pies estaban pegados a ella. Entonces, una oportuna decisión de Almagro salvó lo que ya era un fracaso: ordenó a un pequeño grupo que se adelantase en el camino y buscase auxilio entre los indígenas. Por fortuna, estos hombres encontraron en el Valle de Copiapó a un español llamado Gonzalo Calvo Barrientos, un delincuente que había sido castigado por sus fechorías cortándosele las orejas y que ayudó a los expedicionarios gracias a sus vínculos con los naturales de la zona. Allí, en el valle del río Copiapó, Almagro tomó posesión de Chile a nombre de Carlos V. Exploración del territorio Diego de Almagro emprendió la exploración del territorio, dirigiéndose hacia el valle del río Aconcagua donde fue bien recibido por los indígenas. Sin embargo, las intrigas de su intérprete, un indígena llamado Felipillo, convencieron a los naturales de que la intención de Almagro era asesinarlos. Felipillo instó a los indígenas a atacar a los españoles por sorpresa, pero aquellos se desistieron. Con el propósito de seguir el reconocimiento de las tierras y encontrar las riquezas de las cuales le habían hablado, Almagro organizó la expedición al Sur. Para ello envió a Gómez de Alvarado, quien junto a 70 hombres de a caballo avanzó sin encontrar mucha resistencia (julio-septiembre de 1536), llegando a la confluencia de los ríos Ñuble e Itata. En ese lugar, se produjo el primer enfrentamiento armado entre españoles y mapuche, la Batalla de Reinohuelén. En forma paralela, Almagro envió a Juan de Saavedra a reconocer las costas en la embarcación que le había traído refuerzos desde el Perú. Saavedra alcanzó hasta la zona de Alimapu, que llamó Valparaíso —que quiere decir Valle del Paraíso—. El reconocimiento que el mismo Almagro hizo de la región central y las negativas noticias de Gómez de Alvarado, le hicieron pensar que quizás las riquezas se encontraban más allá de esa inmensa cordillera. Sin escuchar consejos decidió, en pleno invierno, enviar una expedición que al segundo día de marcha decidió volver; la empresa era irrealizable. Decepción y desencanto Diego de Almagro no encontró oro ni ciudades, sólo comunidades indígenas agricultoras y otras más belicosas en el Sur; no obstante esto, pensó en quedarse e incluso en fundar una ciudad. El optimismo inicial había hecho que Almagro trajera a estas tierras al hijo nacido de su relación con la indígena panameña Ana Martínez, el que también debía servir al Rey. Su primera intención fue quedarse; si no hubiera sido por las recomendaciones de sus compañeros de empresa —quienes lo instaron a volver al Perú a tomar definitiva posesión de su cargo, para asegurar la herencia de su hijo—, quizás Almagro habría emprendido la Conquista del país. Fue así como, decidido a volver al Perú, inició el viaje de regreso en septiembre de 1536. La salida de los españoles de los valles de Chile fue violenta: Almagro autorizó a sus soldados a saquear a los indígenas, dejando sus tierras desoladas; no hubo ni un solo español que no tomara naturales para su servicio. Los amarraban y los obligaban a cargar sus pertenencias, actuando sin ninguna compasión. Marcha por el desierto De manera unánime, se decidió tomar la ruta del Desierto de Atacama. Antes de partir, Almagro, en un acto de gran generosidad, juntó a sus hombres y delante de ellos rompió las escrituras que documentaban las deudas contraídas con él antes de partir del Cuzco. Con este gesto quería recompensar, aunque fuera en una mínima parte, la ayuda recibida de estos toscos y ambiciosos aventureros. La travesía del desierto no fue fácil debido a las condiciones climáticas imperantes; al igual que en el trayecto que habían realizado por el Altiplano, los conquistadores obtenían los alimentos de los indígenas, fuera de buena o mala forma. Finalmente, la expedición llegó al Cuzco (1537). Según algunos autores, aquí nació la figura del roto chileno, debido, fundamentalmente, a las condiciones en que la hueste de Almagro arribó a su lugar de partida, con sus ropas hechas jirones y prácticamente deshecha. La ciudad estaba sitiada por tropas indígenas al mando del Inca Manco II. Almagro era amigo del Inca, razón por la que le solicitó una entrevista, pero el encuentro no fue posible. Temiendo un entendimiento entre Almagro y Manco, el Gobernador Hernando Pizarro sembró la desconfianza entre los sitiadores, quienes atacaron la ciudad. Las tropas de Almagro se dispersaron, pero con los hombres que se quedaron a sus órdenes, logró poner fin al cerco, apresando a los hermanos Hernando y Gonzalo Pizarro. La contienda con Pizarro Luego de ocupar El Cuzco, Almagro derrotó a los soldados enviados por Francisco Pizarro, que estaban al mando de Alonso de Alvarado, en la Batalla de Abancay (12 de julio de 1537); más tarde, Gonzalo Pizarro y Alvarado lograron escapar del lugar donde se les mantenía prisioneros. Las negociaciones posteriores entre Francisco Pizarro y don Diego concluyeron en la entrega del Cuzco a Almagro, a cambio de la libertad de Hernando Pizarro. Don Francisco no cumplió con su parte, rompió el acuerdo y con un ejército que había organizado durante ese tiempo, atacó a las fuerzas almagristas. El Conquistador, ya enfermo, fue derrotado en el campo de las Salinas, cerca del Cuzco el 6 de abril de 1538. Tomado prisionero, fue condenado al garrote y su cadáver fue llevado a la plaza pública donde se lo decapitó, el 8 de julio de 1538.
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Don Pedro de Vadivia, Fundador de Santiago
Pedro de Valdivia (Villanueva de la Serena,1 2 3 4 Badajoz, España, 17 de abril de 14971 — Tucapel (próximo al actual Cañete), Reino de Chile, 25 de diciembre de 1553) fue un militar y conquistador español de origen extremeño. Hijo de Pedro Oncas de Melo e Isabel Gutiérrez de Valdivia (filiación no comprobada), provenía de una familia de hidalgos con cierta tradición militar (Casa de Valdivia).5 Pedro de Valdivia es reconocido por ser el Fundador de Chile, y a su vez, de la Chilenidad, ostentando numerosos monumentos en Santiago, Capital de Chile.
En 1520 inició su carrera como soldado en la Guerra de las Comunidades de Castilla, y posteriormente militó en el ejército del emperador Carlos V, destacando su participación durante las campañas de Flandes y las Guerras Italianas, en la Batalla de Pavía y en el asalto a Roma. Contrajo matrimonio en Zalamea en 1527, con doña Marina Ortiz de Gaete, natural de Salamanca. En 1535 partió al Nuevo Mundo y no volvería a ver a su esposa.
Con el título de Teniente gobernador otorgado por Francisco Pizarro, lideró la Conquista de Chile (La Nueva Extremadura) a partir de 1540, fundando las ciudades de Santiago de Nueva Extremadura el 12 de febrero de 1541, San Bartolomé de La Serena en 1544, Concepción en 1552, La Imperial en 1551, y Valdivia en 1552. Dispuso además la fundación de las ciudades de Villarrica, y Los Confines.
La Serena, España, 1497-Tucapel, actual Chile, 1553) Conquistador y colonizador español. Militar desde muy joven, participó en las campañas de Italia antes de pasar, en 1534, a Venezuela, y desde allí a Perú. Aquí fue nombrado maestre de campo por Francisco Pizarro, a quien apoyó en sus disputas con Diego de Almagro en 1538. En este contencioso participó en la batalla de Las Salinas, tras la cual Pizarro le otorgó una encomienda en el valle de la Canela (Charcas) y una mina de plata en Porco, y le encargó la conquista de Chile.
Detalle de su proceso en Chile
Valdivia partió de Cuzco en 1540 al frente de 150 hombres y llegó a Chile, donde exploró los valles del Copiapó, el Coquimbo y el Mapocho. Aquí fundó en febrero de 1541 Santiago de la Nueva Extremadura, que le sirvió de base para la exploración y conquista del resto del territorio. Sin embargo, poco tiempo después, aprovechando una expedición punitiva de Valdivia a Cachapoal, los indígenas de Aconcagua destruyeron Santiago, que no tardó en ser reconstruida.
Prosiguió sus exploraciones y en 1544 fundó la ciudad de La Serena, en el valle de Coquimbo, para facilitar las comunicaciones con Perú. Después de solicitar sin éxito a Perú y a la corte recursos para continuar con la exploración, se presentó en Lima en 1547. Allí intervino en las guerras civiles al lado del partido del virrey y fue ratificado en su cargo de gobernador de Chile en 1549. En permanente lucha con los araucanos, se dedicó a partir de entonces a reorganizar las poblaciones destruidas por los indígenas, emprendió nuevas expediciones y fundó otras ciudades, entre ellas Concepción (1550) y Valdivia (1552).
Cuando la resistencia indígena parecía sofocada, Caupolicán y Lautaro acaudillaron una sublevación araucana. Pedro de Valdivia, sorprendido por los indios en Tucapel, murió en combate el día de Navidad de 1553.
La batalla de Tucapel - Muerte de Valdivia
Valdivia personalmente al mando salió con 50 jinetes más auxiliares desde Concepción el 23 de diciembre de 1553 en demanda del fuerte de Tucapel, donde creía ya reunidas las fuerzas de Gómez de Alvarado. Pernoctó en Labolebo, a orillas del río Lebú, y temprano en la mañana envío una patrulla de avanzada con cinco soldados a cargo de Luis de Bobadilla.
Estando ya a media jornada del fuerte de Tucapel, era muy extraño no tener noticia alguna del capitán Bobadilla. El día de navidad de 1553, se pone marcha de madrugada y al llegar a las inmediaciones de la loma de Tucapel se sorprende del silencio absoluto reinante. El fuerte estaba totalmente destruido y sin un español en las inmediaciones.
Mientras hacían campamento en las humeantes ruinas, de súbito el bosque se llenó de rugientes chivateos y golpes en el suelo. Sin más aviso, una masa bien encuadrada de indígenas se precipitó hacia la posición española. Valdivia, capitán de mil batallas, apenas pudo armar sus líneas defensivas y aguantar el primer choque. La caballería cargó sobre la retaguardia del enemigo, mas los mapuche tenían prevista esta maniobra, y dispusieron lanceros que contuvieron enérgicamente la carga. Con su habitual valor y resolución, los españoles lograron descomponer la primera carga de los indíos, que se retiraron con crecidas bajas desde la loma a los bosques. Los de Valdivia comenzaban a saborear su acostumbrada victoria.
Pero apenas bajaban las espadas cuando irrumpió desafiante un nuevo escuadrón indígena; hubo que rearmar líneas y volver a dar carga con la caballería. Los mapuche, además de los lanceros, tenían ahora hombres armados con mazas, boleadoras y lazos, con los que lograban desmontar a los desconcertados jinetes españoles, y asestar un definitivo mazazo en el cráneo cuando intentaban erguirse del suelo.
Se repitió una vez más el cuadro: al toque de un lejano cuerno el segundo escuadrón se retiró dejando algunas bajas, y un tercer contingente se presentó fresco a la batalla. Esta vez estaba detrás el arquitecto de la invencible estrategia de los batallones de refresco, Lautaro.
La situación de los castellanos era desesperada. Valdivia ante el cansancio y las bajas, reunió a los disponibles y se lanzó a la lucha encarnizada. Ya la mitad de los españoles yacían en el campo y los indios auxiliares mermaban.
En un momento del combate, viendo que se les iba la vida, Valdivia se dirige a quienes aún le rodean y les dice:
—"¿Caballeros qué hacemos?"—
El capitán Altamirano, tan valeroso como arrebatado, responde como conquistador español:
—"¡Qué quiere vuestra señoría que hagamos sino que peleemos y muramos!"—3
Pronto la batalla estaba perdida y el jefe dispuso la retirada, pero el propio Lautaro cayó por el flanco produciendo el desbande. Era justo lo que Valdivia no deseaba y los indios se dejaron caer uno a uno sobre los españoles aislados. Sólo el Gobernador y el clérigo Pozo que montaban muy buenos caballos lograron tomar camino de huida. Pero al cruzar unas ciénagas, los caballos se empantanaron y fueron capturados por los indios.
Según algunos historiadores, en un acto de justicia por las mutilaciones y masacre a los indígenas que ordenó luego de la batalla de Andalién, Valdivia fue llevado al campo mapuche donde le dieron muerte después de tres días de atroces torturas, que incluyeron cercenamientos similares a las realizados por el conquistador para escarmentar a los indios en aquella batalla.[cita requerida] El martirio continuó con la amputación de sus músculos en vida, usando afiladas conchas de almeja, y comiéndolos ligeramente asados delante de sus ojos.[cita requerida] Finalmente extrajeron a carne viva su corazón para devorarlo entre los victoriosos toquis, mientras bebían chicha en su cráneo, que fue conservado como trofeo.[cita requerida] El cacique Pelantarú lo devolvió 55 años después, en 1608, junto al del gobernador Martín Óñez de Loyola , muerto en combate en 1598.
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Gobierno de Ramón Freire (1823 - 1826)
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Ramón Freire nació en Santiago el 29 de noviembre de 1787, hijo de Francisco Antonio Freire y Paz y de Gertrudis Serrano y Arrechea.Trabajó desde los dieciséis años. En Concepción fue dependiente de la casa de Comercio de la familia Urrutia Mendiburu; después, fue sobrecargo del buque mercante de dicha compañía entre Talcahuano y los puertos del Perú.
En 1811, a los veinticuatro años, ingresó como cadete al ejército, al escuadrón Dragones de la Frontera. En 1813, ascendió al grado de teniente, participando en las batallas de Curapalihue, Huilquilemu, Talcahuano, El Roble y El Quilo, entre 1812 y 1814
A la fecha de la batalla de Rancagua en 1814, contaba ya con el grado de capitán. Luego del combate, partió a Buenos Aires.
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- Estuvo casado con Manuela Caldera Mascayano. En 1816, se incorporó al Ejército de los Andes. Ahí, bajo las órdenes del general José de San Martín, fue enviado a tomarse la ciudad de Talca. El 11 de febrero de 1817 estaba asentado en su plaza, en la víspera de la batalla de Chacabuco. Después, combatió en la lid de Cerro Gavilán en 1818. En 1819 fue nombrado Intendente de Concepción. El 25 de noviembre de 1820, en la batalla de las Vegas de Talcahuano, Freire venció al realista Vicente Benavides. A comienzos del año 1823 manifestó su disconformidad con la dictadura de Bernardo O’Higgins. Luego de la abdicación de éste, el 4 de abril de 1823, fue elegido Director Supremo Provisorio de la nación. Derrotado en la batalla de Lircay, debió luego emigrar a Tahiti, ya que había sido enjuiciado y condenado a muerte. Ramón Freire murió el 9 de septiembre de 1851. Las vicisitudes de su gobierno La Junta que reemplazó a O’Higgins no hizo más que elegir, ese 4 de abril de 1823, un Director Supremo provisional, mientras se reunía otro Congreso General Constituyente, y la elección recayó en la única persona que estaba en condiciones de tomar el mando, porque disponía de la fuerza y había encabezado la rebelión: Ramón Freire. Militar joven, de 35 años de edad, que había prestado servicios en las campañas de la independencia. Pero con un defecto importante: no poseía condiciones de estadista. Tomó como primer ministro a Mariano Egaña, y se asesoró del Senado Conservador. Entre sus intenciones, se cuenta el tratar de abolir los títulos honoríficos a los individuos tales como los de "excelentísimo" o "ilustrísimo señor", y además, aquella Legión de Mérito creada por O'Higgins. Trató también de abolir la pena de azotes, más que corregir, dañaba en su moral y anatomía a los reos. Sin embargo, una reforma consiguió, aunque con no pocos obstáculos: fue la abolición definitiva de la esclavitud. Se recordará que el primer Congreso chileno había abolido, en 1811, esta desgraciada institución, pero que tal medida no había de tener efecto sino para los hijos de esclavos nacidos en Chile y para las personas que en esa condición llegaran al país. Esta vez una resolución del Senado, sancionada por el Ejecutivo, la hizo efectiva para todos los esclavos que aún había en Chile (1823). A mediados del año 23, hubo elecciones generales. Participaron en ella los dos bandos que existían. Por un lado el pelucón, compuesto por la aristocracia, el clero y algunos elementos modestos, sin diferenciarse en conservadores, liberales, aristócratas o estanqueros. El otro equipo, el de los pipiolos, estaba compuesto por quienes se habían disociado de la aristocracia y otros de ideas heterogéneas. El 13 de agosto de 1823, juraron los integrantes del nuevo Congreso. Freire renunció a su cargo interino y se mudó a Rancagua, dejando la administración de la nación en poder de sus ministros. El Congreso dio como solución la designación de Freire como Director Supremo en propiedad, no interino, siendo elegido por unanimidad el 18 de agosto. En el plano educacional se intentó reformar el plan de estudios del Instituto Nacional, incorporando a las artes y oficios manuales; se creó una Junta de Educación, para que tuviera a su cargo la vigilancia y dirección de este servicio y propusiera al Gobierno los adelantos que creyese oportunos, y se fundó una especie de institución universitaria, destinada al cultivo y difusión de las ciencias, con el nombre de Academia Chilena. Tampoco estas iniciativas prosperaron y sólo subsistieron en calidad de aspiraciones. La Constitución moralista de 1823 El Congreso Nacional sancionó, pese a la desconfianza de Freire en dicho cuerpo legal, la Constitución republicana, promulgándose ésta a fines de 1823, por lo cual este cuarto ensayo de código fundamental (los otros databan de 1812, 1818 y 1822) lleva el nombre de Constitución del año 23. Fue redactado por Juan Egaña. Estableció los tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial; un Director Supremo que ejercía el primero. Un Congreso, el cual residía en dos cámaras, una de senadores, que funcionaba permanentemente, y una de diputados, que no funcionaba sino previa convocatoria especial. Pero lo especial de esta Constitución era que intentaba reglamentar la vida privada, lo mismo que la vida pública. De allí que se le denomine también Constitución moralista. No duró más que medio año. La Crisis Financiera El problema más grave de esta administración, era el estado de la economía como consecuencia de un descenso en la producción del país y un aumento en los gastos fiscales. Además, el crédito contratado antes en Londres, y cuyos intereses eran sumamente crecidos, impuso al gobierno preocupaciones muy serias, porque debiendo invertirse en obras de beneficio general, casi todo se había dedicado a salvar compromisos urgentes que no tenían ese carácter. Entre las muchas medidas para hacer frente a esa situación, figuró como más importante la entrega a un concesionario particular del estanco del tabaco y de otras especies (naipes, té y licores extranjeros), bajo la condición de pagar los dividendos del empréstito. El monopolio de esos artículos, que antes tenía el Estado, pasó a ser ahora (1824) el privilegio de una sociedad mercantil que giraba bajo la razón social de Portales, Cea y Cía. y de la cual era gerente el comerciante Diego Portales, que pronto iba a adquirir gran notoriedad. Este arreglo no duró, sin embargo, más que dos años. La empresa no hizo negocio, no pudo cumplir sus compromisos en cuanto al empréstito y hubo de quitársele el monopolio para devolverlo al Estado. Otro hecho importante fue la confiscación de los bienes del clero regular, al que se agregó una reforma completa de sus constituciones. Esas medidas provocaron el rompimiento brusco de las relaciones entre la Iglesia y el Estado, rompimiento que se venía diseñando desde los últimos años del Gobierno de O'Higgins. Este hecho hizo que las relaciones derivaran en el envío de un emisario a Roma para que se entendiera personalmente con Su Santidad. Se recordará que se encargó de esta misión el presbítero José Ignacio Cienfuegos. No obstante los inconvenientes que allá se le opusieron, porque el Papa se negaba a reconocer la soberanía de las nuevas repúblicas, Cienfuegos consiguió que se mandara a Chile una misión apostólica, con el especial propósito de normalizar la situación religiosa del país. Fue designado por el Pontífice para el desempeño de esta misión el vicario Juan Muzi, quien llegó a Chile en 1824. Aquí estaba él cuando se dictaron las mencionadas disposiciones sobre la reforma e incautación de bienes del clero. La Incorporación de Chiloé Un punto importante e indispensable era completar la dominación nacional con la incorporación del archipiélago de Chiloé al territorio chileno. Rey fernando VII. Cuando Freire fue elevado al poder, todavía sustentaba allí la bandera española el general Antonio Quintanilla. El Director, que antes de todo era militar, dirigió dos campañas sobre la isla grande del archipiélago: las batallas de Pudeto y Bellavista, en la última de las cuales triunfó sobre el jefe realista y quedó izada para siempre la bandera de Chile en las fortificaciones del puerto de Ancud. Con la firma del tratado de Tantauco, el gobierno de España reconoció la incorporación definitiva de Chiloé al territorio nacional. Con la toma de Chiloé, la larga lucha por obtener la independencia llegaba a un término final irrevocable, y ello no solamente en Chile, sino en todas las colonias de España en América, a excepción de Cuba y Puerto Rico. No obstante, el rey Fernando VII seguía manteniéndose en actitud hostil contra los nuevos estados y negándose a reconocerles su soberanía. En tanto, el Presidente de los Estados Unidos, Monroe, quien había reconocido la soberanía de las nuevas repúblicas, formuló en 1823, con motivo de aquella presunta intromisión, la celebre teoría internacional que se conoce con el nombre de doctrina Monroe, según la cual su Gobierno sostenía que “el continente americano no debía considerarse en lo sucesivo como campo de colonización para las potencias europeas" y que, en cuanto a las nuevas naciones constituidas en el, "no podía mirar sino como disposición hostil para los Estados Unidos cualquier intervención de alguna de esas potencias que tuviera por objetivo oprimirlas o contrariar de cualquier modo sus destinos". La teoría, “América para los americanos”, causó gran alarma en Europa, menos en Inglaterra, que estaba de acuerdo con los Estados Unidos para reconocer por su parte las repúblicas americanas, como efectivamente reconoció algunas –aunque no Chile entre ellas– en 1825.
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Diego Portales Palazuelos
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Nació en Santiago el 15 de junio de 1793. Era hijo de José Santiago Portales Larraín y de María Encarnación Fernández de Palazuelos Acevedo.La familia Portales crecería hasta llegar a ser veintitrés hermanos y sus padres.
Diego, a quien el padre tenía destinado para la carrera eclesiástica, estudió humanidades en el Colegio Carolino, donde aprendió el latín con alguna perfección. En agosto de 1813, cuando abrió sus puertas el Instituto Nacional, Portales fue uno de sus alumnos fundadores, y permaneció en él hasta su clausura en octubre de 1814, habiendo alcanzado a rendir exámenes de filosofía y derecho natural.
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- Su padre lo instó para que siguiera la carrera de leyes y alcanzó a estudiar un año de derecho, pero al poco tiempo se empleó en la Casa de Moneda como ensayador de metales.
El 15 de agosto de 1819 se casó con su prima Josefa Portales y Larraín, la cual falleció en 1821. La pérdida de su esposa, a la cual amaba con todo su ser, produjo una honda transformación en su ánimo, y se hizo la promesa de permanecer célibe. De jovial y chistoso se convirtió en un misántropo. Buscó el lenitivo de la religión y se hizo penitente; visitando las iglesias diariamente.
Por aquel entonces ya estaba dedicado al comercio ya que, con un capital de $ 4.000 que le obsequió el abuelo de su mujer, adquirió paños y casimires que vendió en su propia casa, obteniendo una buena ganancia.
Después de su viudez y como una distracción a sus pesares resolvió establecerse en Lima. Se asoció con el comerciante José Manuel Cea y se embarcó para el Callao en 1822. Dos años permaneció en Lima, obteniendo excelentes resultados financieros, ya que al regresar podía considerarse como un hombre acaudalado, al mismo tiempo que lo había abandonado por completo su aire taciturno y había pasado de ser un viudo timorato y penitente a mostrarse como un hombre galante y muy bien vestido aficionado a los cortejos y saraos.
Gustaba de las “remoliendas”, en su casa o en las de sus amigos, o bien en lugares donde hubiera buenas “cantoras” y “tocadoras de arpa”. Era un buen bailarín de la zamacueca y le gustaba mucho tocar la guitarra y el arpa para acompañar a los músicos o para animar él mismo las fiestas. Según sus biógrafos, esas remoliendas nunca degeneraron en excesos.
Un elegante Portales.
Hasta aquí Portales no había intervenido para nada en la cosa pública y parecía desdeñar los afanes de la política. Aunque no había pertenecido a ningún bando político, se le tenía, como a toda su familia, como un buen patriota.
(Ver "Del ensayo federal a Portales")
En 1824, la sociedad Portales-Cea contrató con el gobierno el estanco del tabaco, a cambio del cual, la sociedad Portales-Cea se hacía cargo del servicio de empréstito que se había contratado en Inglaterra. El negocio fue un fracaso y el gobierno lo desahució con escándalo, apropiándoselo como renta fiscal. Desde ese día, Portales y sus colaboradores comenzaron a constituir, sin proponérselo, un verdadero grupo político llamado de "los estanqueros", al cual se agregaron, aparte de los colaboradores inmediatos en el negocio del estanco, como Diego José Benavente, Manuel Gandarillas y Manuel Rengifo, cuantos estaban hastiados de la anarquía y el desgobierno que sufría el país desde la abdicación de O'Higgins, en 1823.
A partir de esos días, comenzó a surgir la persona de Portales en la vida política de la nación. Publicó un periódico en Valparaíso que llamó El Vigía y después uno en Santiago, llamado El Hambriento, desde el cual disparaba sus severas críticas al gobierno de los pipiolos.
Cuando la anarquía política alcanzó su máxima expresión, en la que la República quedó sin tener quien la gobernara, una verdadera acefalía del Ejecutivo, el vicepresidente Ovalle estaba tratando de formar un ministerio en el cual nadie quería participar.
En la noche del 3 de abril de 1830, en la tertulia en casa del vicepresidente, cuando se supo de las excusas de Mariano Egaña para aceptar el Ministerio del Interior y de José María Benavente el de Guerra, se incorporó Portales, e irritado exclamó en un arranque súbito: "Si nadie quiere ser ministro, yo estoy dispuesto a aceptar hasta el nombramiento de ministro salteador”.
Su decisión causó asombro, porque se sabía que para Portales era un serio sacrificio aceptar responsabilidades de gobierno y desatender sus negocios, pero, a la vez, despertó entusiasmo porque se veía que era el único hombre que podía terminar con la anarquía que, desde hacía siete años, arruinaba al país.
Ese mismo día quedó nombrado ministro del Interior, de Relaciones Exteriores y de Guerra y Marina. Desde su cargo de ministro, revestido de todos los poderes, emprendió la obra que cambió por completo la fisonomía del país.
Portales quería y organizó un Gobierno presidencial, democrático, centralizado, fuerte e impersonal y con un Ejecutivo fuerte, eficiente y de una alta moralidad. Se respetaba el cargo y no la persona. Se respetaba el origen del cargo, basado en la voluntad popular expresada en las urnas. Se respetaba la majestad de la Ley, que era una forma de expresar la voluntad soberana del pueblo.
Su primer acto en el gobierno fue dar de baja a 136 jefes y oficiales del ejército vencido en Lircay, con lo que terminó de una plumada con el militarismo turbulento y falto de aptitudes para gobernar.
Portales, modelo de servicio.
Con la misma energía terminó con los funcionarios públicos ineficientes, con los políticos pipiolos y con los reaccionarios que quisieron aprovechar la derrota de sus enemigos.
Durante el gobierno del presidente Prieto ocupó numerosas veces diversos ministerios. Fue ministro interino de Guerra y Marina (17 de enero de 1831) y en propiedad (22 de marzo de 1831). A mediados de 1832 renunció a su puesto de ministro de Estado.
Fue nombrado gobernador de Valparaíso y comandante general de marina. En 1835 volvió de nuevo al gobierno, ocupando la cartera del Interior y Relaciones Exteriores (9 de noviembre de 1835), Guerra y Marina (21 de septiembre de 1835). Ejerció la cartera de Justicia, Culto e Instrucción Pública interinamente (1° de febrero de 1837) y fue elegido senador (1837-1846).
Mientras tanto, en la vecina República de Bolivia el general Andrés Santa Cruz aspiraba a formar una sanidad con las repúblicas unidas del Plata y Chile, para lo que inició una Política de intrigas, fomentando el descontento con los gobiernos vecinos.
En Chile encontró tenaz replica en el ministro Diego Portales, cuya personalidad no se vio amedrentada por las maquinaciones del general boliviano, sino que presentó una enérgica resistencia organizando un ejército para el caso de tener que entrar en guerra contra la Confederación Peruano-Boliviana.
La guerra fue declarada el 28 de diciembre de 1836. Se ha sostenido, sin confirmación, que las conspiraciones de Santa Cruz a través de las infiltraciones en Chile dieron por resultado el motín de Quillota, provocado por José Antonio Vidaurre, y el asesinato de Portales. Este se hallaba pasando revista a las tropas en Quillota, cuando fue reducido a prisión, y al ser conducido a Valparaíso se le fusiló sin proceso. Corrían los primeros días de junio de 1837 y a los 44 años de edad el estadista era inmolado.
El asesinato a Portales provocó el repudio nacional y si con su muerte sus enemigos quisieron destruir su obra, se equivocaron, pues ésta continuó merced a una de las gestiones más profundas que registra la historia en el plano político.
Es, sin duda, el más interesante de los políticos con que ha contado Chile en su historia republicana. El historiador Jaime Eyzaguirre lo retrata como "un hombre de mediana estatura, y cabello normal, de cuerpo esbelto, dotado de una agilidad que se mostraba en el andar rápido; el rostro pálido y delgado; la frente amplia, favorecida por una inicial calvicie; la nariz recta y prolongada; la barbilla redonda. Sus ojos de azul intenso y gran expresividad y sus labios daban al semblante una viveza y animación extraordinarias. A ello se agregaba una locución vehemente e ingeniosa, y a menudo mordaz, tajante e implacable, que hallaba, además, en el género epistolar una potente válvula de escape. De igual modo en la conversación afectuosa y chispeante, en los momentos de ira o en las órdenes secas y concluyentes, se escapaba de su ser un fluido magnético que hacía difícil, cuando no imposible, resistir a su poder avasallador".
Por su parte, Isidoro Errázuriz nos habla de sus cualidades como político en las frases siguientes: "En la práctica de los negocios había adquirido el hábito de marchar de frente hacia cualquier dificultad, de llamar a las cosas por su verdadero nombre y de descubrir a primera vista el lado favorable y el lado adverso de toda situación y el lado flaco de sus aliados y de sus antagonistas.
"La naturaleza había depositado en su espíritu la cautela del genio que alumbra su camino, a los que la poseen, en el fondo de las tinieblas y en lo más revuelto del caos y les permite juzgar acertadamente producto de una intuición admirable, sobre hombres y sobre instituciones y doctrinas.
"Sabía las cosas en el punto y el momento preciso y las empuñaba con brazo hercúleo en el momento justo."
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José Francisco de San Martín
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Nació el 25 de febrero de 1777 en Yapeyú, situado a orillas del caudaloso río Uruguay, que dependía del Virreinato del Río de la Plata. Hijo de Juan de San Martín y de Gregoria Matorras del Ser, ambos originarios de Castilla, la Vieja, en España. El padre era teniente gobernador del departamento de Yapeyú.Leer más
- Cuando José de San Martín tenía cuatro años, su familia se trasladó a Buenos Aires; y a principios de 1884, siendo un niño de siete años, sus padres regresaron a España llevándolo consigo. Lo anterior demuestra que, a los 35 años, cuando regresó a Buenos Aires, era un europeo de pies a cabeza y no tenía de criollo más que el hecho de haber nacido en tierras del Virreinato del Río de la Plata
Al llegar a España ingresó al Seminario de Nobles de Madrid.
En 1789 comienza como cadete su carrera militar en el regimiento de Murcia, donde recibió instrucción militar; leyó por su cuenta algunos tratados de táctica, estrategia y organización militar, y se familiarizó con el francés.
Luchó en la campaña de África combatiendo en Melilla y Orán. En 1797 es ascendido a subteniente por sus acciones frente a los franceses en los Pirineos.
Distinguido, precisamente, por esas acciones, llega luego a ser capitán del regimiento de Borbón. El ejército ataca a los franceses y los vence en la batalla de Baylén, el 19 de julio de 1808; allí se destaca San Martín. Esta victoria permite al ejército de Andalucía recuperar Madrid y es la primera derrota importante de las tropas de Napoleón.
Su carrera militar en España fue corta y brillante: a los 31 años alcanzó el grado de coronel, como recompensa por su desempeño en la batalla de Bailén, contra las tropas napoleónicas.
Capitán en España.
En su estada en España tomó contacto con las logias masónicas, especialmente la de Cádiz, donde tuvo oportunidad de conocer a otros jóvenes americanos, lo que le hizo interesarse por la causa de la independencia.
En 1811 solicitó su retiro del ejército y arribó a Buenos Aires en marzo de 1812. Apenas llegado, ofreció sus servicios al triunvirato que gobernaba en Buenos Aires y se le nombró comandante del escuadrón de granaderos a caballo, que él mismo debía organizar.
El 12 de septiembre de 1812 se casa con María de los Remedios de Escalada, mujer joven y bella, que pertenecía a una de las distinguidas familias del país, quien lo relacionó con la alta sociedad bonaerense.
El 7 de diciembre de 1812 se le ascendió a coronel en recompensa por haber completado la organización del cuerpo que se le había encomendado.
En diciembre de 1813 se le designó comandante del ejército del norte que, al mando de Belgrano, acababa de sufrir dos serias derrotas. Se ocupó de la reorganización del ejército cuya misión debía ser la invasión del Alto Perú para derrotar más adelante a los europeos en Lima, la cuna del poder español.
Cruzar los Andes, un imperativo.
San Martín, comprendiendo la impracticabilidad del plan y, desilusionado por la escasa cooperación que recibía de sus oficiales, y habiéndose añadido el mal estado de su salud, el 14 de junio de 1814 solicitó licencia para dejar el mando. San Martín, al parecer, en esta época ya había comprendido que el plan de atacar a Lima por el Alto Perú no tendría jamás éxito y habría aceptado, como única manera de liberar a América del poder español, la invasión por Chile, previa la formación en ese país de una poderosa escuadra.
Es necesario recordar también la fundación de la Logia Lautarina hecha por San Martín en Buenos Aires, cuyo decidido propósito era la emancipación de la América del Sur.
Con el plan ya concebido pidió el cargo de gobernador de la provincia de Cuyo. Apenas hacía un mes que se encontraba en su nuevo puesto cuando ocurrieron el desastre de Rancagua y la emigración de los refugiados a Mendoza. La llegada de los chilenos le caía a San Martín como del cielo para la realización de sus propósitos.
De inmediato se dio a la tarea de organizar el Ejército de los Andes, con la abnegada cooperación de O'Higgins.
Incidentalmente, deben mencionarse en este punto las discrepancias que surgieron, desde el momento de conocerse, entre San Martín y José Miguel Carrera.
Sus caracteres ambiciosos y llenos de orgullo no podían conciliar. Carrera quería que se le reconociera como jefe del Gobierno chileno en el exilio y comandante del derrotado ejército. San Martín, que no toleraba que en su empresa se le hiciera sombra, se inclinó abiertamente por O'Higgins, quien no era una amenaza para su ambición de gloria.
El Ejército de los Andes encomendado a la Virgen del Carmen.
Organizado el Ejército de los Andes, durante la segunda mitad de enero de 1817 partieron las distintas divisiones llevando instrucciones secretas. Las órdenes eran que todos aparecieran simultáneamente sobre el territorio chileno entre el 6 y el 8 de febrero.
El día 10 de febrero de 1817, todo el Ejército de los Andes se encontraba concentrado en el valle de Aconcagua, listo para subir la cuesta de Chacabuco y lograr una batalla decisiva. El ejército realista se concentraba en el valle acudiendo rápidamente con tropas desde Santiago. San Martín reunió a sus oficiales para explicar el plan de combate que realizarían al día siguiente, sin dar tiempo a que los realistas se agruparan. Dividió al ejército en dos columnas, una al mando del general Soler, y la otra al mando de O´Higgins. El ejército realista estaba al mando del brigadier Maroto.
El Ejército de los Andes venció en Chacabuco y, habiendo hecho nombrar a O'Higgins Director Supremo en Chile, se consolidó la Independencia de este país en la batalla de Maipú.
De inmediato, San Martín comenzó a urgir la preparación de la expedición al Perú. Los gobiernos de Santiago y Buenos Aires habían acordado cooperar cada uno con quinientos mil pesos, fuera del aporte de la escuadra por parte de Chile.
En los primeros meses de 1820 estalló una revolución en Argentina que derribó al gobierno que había conferido el mando a San Martín y éste resolvió desligarse de su dependencia simulando una renuncia a la jefatura del Ejército de los Andes y recibiendo de sus oficiales un nuevo nombramiento que lo dejaba libre de todo vínculo con Buenos Aires. El peso de la expedición recayó, entonces, íntegro sobre Chile y O'Higgins tuvo que reducir los sueldos de los militares y empleados, diferir el pago de las obligaciones fiscales, contratar numerosos empréstitos con los comerciantes de Valparaíso con la garantía de las futuras rentas del erario y hasta las personales de O'Higgins. Se aplicó un cupo forzoso a las grandes fortunas y se empleó una buena parte del empréstito de Irisarri.
San Martín y Bolívar.
El 20 de agosto de 1820 zarpó la escuadra nacional rumbo al Perú, bajo el comando naval de Lord Cochrane y la jefatura militar de San Martín.
Aparte de la espectacular captura de la fragata Esmeralda por Cochrane en el Callao, la acción guerrera no pasó más allá, ya que San Martín quería evitar el derramamiento de sangre y pretendía, por la persuasión, conquistar a los peruanos a la causa de la Independencia.
Entabló negociaciones con las autoridades, las que no llegaron a ningún resultado y cuando éstas se retiraron al interior, San Martín ocupó pacíficamente Lima y allí, el 28 de julio de 1821, proclamó la independencia del Perú y se proclamó Protector.
Entretanto, Cochrane, que ya había tenido serios altercados con San Martín, que se había negado a pagar a los marinos los premios por la captura de la Esmeralda, como también los sueldos, aduciendo que eran de cargo del gobierno de Chile, y desesperado por la inacción guerrera del Protector, rompió violentamente con éste, despachó dos de sus barcos a Chile y siguió con el resto de la escuadra hasta México en persecución de buques españoles.
En esta época ya habían comenzado a manifestarse en San Martín graves síntomas de pérdida de su capacidad cerebral y de su voluntad debido al abuso que hacía del opio que se le suministraba para calmar los dolores que le provocaba una seria enfermedad al estómago.
En su mayoría de edad.
La inactividad había quebrantado gravemente la disciplina y la moral del ejército y el prestigio del Protector estaba seriamente decaído. Su derrota por los realistas en la batalla de Ica lo obligó a solicitar auxilio a los gobiernos de Santiago y Buenos Aires, y mientras el de Chile sólo pudo remitirle cuatrocientos hombres de caballería, el argentino rehuyó toda ayuda.
El triunfo de Sucre sobre los españoles en la batalla de Pichincha hizo comprender a San Martín que para obtener la independencia del Perú necesitaba la ayuda de los ejércitos de la Gran Colombia que comandaba Simón Bolívar. Después de una entrevista con éste en Guayaquil, presentó su renuncia al primer Congreso peruano en septiembre de 1822 y partió a Chile, dejando que Bolívar y Sucre consolidaran la liberación del Perú, que se obtuvo con el triunfo de este último en Ayacucho el 9 de diciembre de 1824.
San Martín demostró en toda su vida al servicio de la patria que su único anhelo era lograr la libertad de los pueblos oprimidos.
En Chile y en Perú le ofrecieron grandes recompensas, dinero, grados militares y el gobierno; casi todo lo rechazó y solamente aceptó el gobierno hasta cuando los pueblos se organizaran y eligieran sus autoridades.
Mausoleo de San Martí
Vivió siempre en la mayor pobreza. Cuando estaba en Mendoza con su familia, envió a su esposa a Buenos Aires a casa de sus padres, pues había reducido tanto su sueldo que no le alcanzaba para mantener el hogar. Al regresar de su larga campaña libertadora, su esposa había fallecido; le quedaba su hija Mercedita, que había nacido en Mendoza. Con ella se trasladó a Europa, donde vivió dedicado a la educación de la niña.
El libertador de medio continente pasó sus últimos años lejos de la patria. Su hija se casó con un joven argentino y dos nietas alegraron su modesto hogar.
San Martín estuvo un corto tiempo en Chile, siguió a la Argentina y luego a Francia. Ya muy enfermo, se radicó en Boulogne-sur-Mer, ciudad puerto del norte de Francia. En esa ciudad, el 17 de agosto de 1850, a las 14 horas, el general San Martín había muerto. Treinta años después sus restos fueron llevados a Buenos Aires, donde descansan en un mausoleo en la Catedral, en la Plaza de Mayo.
Hasta su muerte gozó de la pensión militar que le había otorgado el gobierno de Chile.
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PENSAMIENTO FRANCES 2011
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