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Del ensayo federal a Portales (1826 - 1831)

El Congreso de 1826 decretó la organización federal de la República, de acuerdo con las ideas de José Miguel Infante, que desde años atrás vivía consagrado a una campaña infatigable en este sentido, pues creía que la federación era el ideal de los países libres y prósperos.




Para ello se creo una nueva Constitución, conocida también como la “Constitución Federal” ya que establecía un sistema de gobierno basado en el federalismo, inspirado en los Estados Unidos. Esta Ley Fundamental destaca porque el país se divide en ocho provincias: Coquimbo, Santiago, Aconcagua, Colchagua, Concepción, Maule, Valdivia, Chiloé. Cada provincia debe organizar una asamblea por elección popular, eligiendo de la misma forma a las autoridades, intendentes y curas párrocos.

El sistema Federal no pudo continuar por falta de cultura cívica de la población; por el escaso desarrollo económico de las provincias; por ir contra el carácter unitario del país, y, por sobre todo, debido a las rivalidades entre las provincias y la capital.

En el mes de mayo de 1827, ante la renuncia de Freire, toma el poder el vicepresidente Francisco Antonio Pinto. De ideas avanzadas en materia política, pertenecía al grupo liberal. Uno de sus primeros actos fue suspender el ejercicio del régimen federal, previa consulta a las provincias sobre si persistían en continuar gobernándose en esa forma. La respuesta casi unánime fue adversa al federalismo. Entonces el Jefe del Estado convocó un nuevo Congreso Constituyente.



Francisco Antonio Pinto.
La Constitución liberal de 1828

Ante el fracaso de la experiencia federal las corrientes políticas inician una etapa de concentración. Sólo dos corrientes de ideas se perfilaron con expectativas de éxito en la disputa por el poder. La corriente reformista que aspiraba a modificar la sociedad estableciendo una idea republicana llamaba liberal apodándose pipiolos. La corriente conservadora buscaba el ideal de un Gobierno centralizado, oligárquico y fuerte. Recibió el apodo de pelucones, derivado de las pelucas empolvadas que en ocasiones solemnes usaban los aristócratas de la colonia.

Esta era la situación al promulgarse la Constitución de 1828, que fue solemnemente jurada el 18 de septiembre de ese año y resultó una transacción entre las tendencias del liberalismo y del federalismo. Fue obra de José Joaquín de Mora y Melchor Santiago Concha y entre sus principales disposiciones señalaba: El Poder Ejecutivo reside en el Presidente de la República, quien era elegido en votación indirecta, es decir, mediante electores, durando en el cargo cinco años. Establecía, además, el cargo de vicepresidente. El Poder Legislativo es bicameral: Cámara de Senadores y Cámara de Diputados. El Poder Judicial está compuesto por una Corte Suprema, Corte de Apelaciones y juzgados de primera instancia. La religión oficial del Estado es la Católica, Apostólica y Romana, con exclusión del ejercicio “público” de cualquier otra. Garantizaba la libertad de expresión, de prensa, libertad personal, derecho de propiedad y proclamó la igualdad ante la ley.

La revolución de 1829

En 1829 se efectuaron las elecciones del Congreso y luego, en el mismo año, las de Presidente de la República. Tanto en éstas como en aquéllas, el Partido Liberal obtuvo enorme mayoría. Pinto fue de nuevo designado para ocupar la presidencia. Sin embargo, el problema se suscitó en la elección de Vicepresidente. El Congreso, que sesionaba en Valparaíso, creyó del caso hacer uso de la disposición constitucional que lo autorizaba para rectificar la elección. Los candidatos que habían obtenido las más altas sumas de sufragios para la vicepresidencia, sin llegar al número necesario, eran Francisco Ruiz Tagle (100 votos) y Joaquín Prieto (61), pero como ninguno de ellos figuraba en el Partido Liberal, que estaba en mayoría dentro del Congreso, éste designó para vicepresidente a un tercero, Joaquín Vicuña, liberal, que en los colegios electorales no había obtenido más que una escasa votación (48).

Ésta fue la causa que precipitó los hechos. La oposición conservadora protestó enérgicamente contra lo que juzgaba una violación del código constitucional al no respetarse la norma que limitaba a las dos más altas mayorías la decisión del Congreso. Por otro lado, las elecciones provinciales se realizaron con poca regularidad, lo que motivó al Partido Conservador a pedir su anulación.

El desenlace del conflicto fue la revolución de 1829, comenzada en Concepción por el general Prieto, en nombre de la Constitución que el Congreso había violado. El ejército del sur avanzó sobre la capital y varias poblaciones se sublevaron delante de él, apoyando el movimiento. En Santiago se produjo entonces la alarma más indescriptible. Al acercarse Prieto a la ciudad, las tropas gobiernistas estaban bajo las órdenes del general Francisco de la Lastra. Un poco al sur de Santiago, en Ochagavía, tuvo lugar el combate Poco después un tratado de paz se firmaba en Santiago, y por él se ponían el mando provisional del país y las tropas de ambos contendores a disposición del general Freire.

Freire, en tanto, salió de Santiago, se dirigió a Valparaíso y con algunas tropas se embarcó hacia Coquimbo a fin de organizar una campaña contra el gobierno. De esta manera el país quedaba envuelto en la guerra civil. Desde Coquimbo, Freire se trasladó por mar a las provincias del sur, situándose junto al río Maule. Los dos ejércitos se enfrentaron un poco al norte, junto al río Lircay, en lo que es hoy parte de la VII región. El resultado: Freire fue totalmente derrotado.

Diego Portales entra al escenario político (1830–1831)

Diego Portales ingresa al escenario político siendo un comerciante desde joven, el cual había llegado así a la edad de 30 años sin llamar la atención pública. Fue gerente de la casa mercantil Portales, Cea y Cía., que tomó a su cargo el estanco de tabacos y otros artículos. Sin embargo, no pudo cumplir el contrato que estipuló con el Fisco, según el cual debía cubrir los dividendos del crédito inglés, en compensación del monopolio que para la venta de esas especies se le otorgaba. La negociación iba mal y los dividendos no los pagaban los negociadores. A los dos años el contrato fue anulado y el estanco volvió a ser administrado por el Fisco. Esto valió para que formara un partido político alternativo a los existentes con aquellos individuos que compartían la idea económica del estanco, por ello se hizo llamar “El Partido del Estanco”.

Durante la revolución del año 1829 Portales fue un activo dirigente. Poco antes de la jornada de Lircay subió al poder como vicepresidente José Tomás Ovalle (31 de marzo de 1830). Seis días después Portales fue llamado al Ministerio, en el cual desempeñó simultáneamente dos carteras: la del Interior y Relaciones Exteriores y la de Guerra y Marina. La actividad y la fuerza que empleó en esos cargos lo hicieron el verdadero jefe del gobierno. Desde Santiago cooperó a la campaña de Prieto, tomando cuantas medidas le parecieron conducentes al logro de su triunfo.

El antiguo comerciante, ahora hombre de gobierno, carecía de estudios políticos, pero esta ausencia de entrenamiento partidario no le perjudicaba; al contrario, parecía favorecerle. La obra del momento consistía en entregar al Estado una organización tal que fuera garantía de paz y de trabajo. Portales lo comprendió así y se consagró por entero a la obra, logrando con ello la tranquilidad para el país y dar estabilidad a la administración pública.

Para garantizar las instituciones políticas contra los motines frecuentes de las tropas, restableció la guardia civil o nacional; la dividió en distintos cuerpos; obligó a estos cuerpos a disciplinarse activamente, situándose él mismo frente de uno de ellos. Además, restableció poco más tarde la Academia Militar, instituto destinado a la preparación técnica de oficiales.

Portales entendía que dichas acciones políticas severas y personales, debían despertar poderosas resistencias de parte de aquellos a quienes perjudicaba. Sin introducir modificaciones en la ley que establecía la libertad de opinión, recurrió a jurados que podían condenar a su arbitrio, por "sediciosas", a aquellas publicaciones contrarias al Gobierno; y aun sin recurrir a tales jurados, las facultades extraordinarias de que estaba investido le permitían dejar caer su autoridad contra los autores de los escritos que le eran adversos.

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Lucha por la Organización o Anarquía (1823 - 1830)

El periodo que transcurre entre la renuncia de Bernardo O'Higgins (1823) y la Batalla de Lircay (1830), donde triunfan las fuerzas conservadoras, es conocido dentro de la Historia Nacional como la lucha por la Organización o Anarquía, ya que se suceden gobiernos, nombres y tendencias con el propósito de darle estabilidad al país.

Los únicos encargados de pretender esta estabilidad eran los miembros de la aristocracia, debido principalmente a que en el país no existía una cultura extensiva a todos los habitantes, y, por cierto, una gran masa de ella era campesina y analfabeta.


No obstante aquello, la situación de la nobleza nacional era favorable, en el sentido de que la aristocracia chilena no estaba dividida por intereses económicos, como ocurría en otros países del continente (México, Venezuela, Argentina), situación importante, si se entiende que un país para lograr su desarrollo necesita de una estabilidad política, social y económica.

Durante este periodo deviene el gobierno de Ramón Freire, ocurre el ensayo federalista de 1826, estalla la revolución de 1829 e irrumpe Diego Portales en la escena política.

1.-Gobierno de Ramón Freire (1827-1826)

2.- Del ensayo federal a Portales



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Primera Escuadra, gobierno y abdicación de O'Higgins

rganización de la Primera Escuadra Nacional


Fragata Lautaro,





O'Higgins comprendió muy bien que la Independencia sería completamente inútil si no se poseía una Escuadra que dominara el Pacífico. Para tal efecto, fue comprada una fragata mercante inglesa, la que se transformó en nave de guerra y se le puso por nombre Lautaro. Ésta y el bergantín Águila, apresado en Valparaíso, después del triunfo de Chacabuco, sirvieron de base a la Primera Escuadra Nacional.

Con la compra de tres barcos más en 1818, esta Escuadra poseía cinco buques. Cuatro de estas naves partieron efectivamente en ese mismo año de Valparaíso con rumbo al sur, dirigidas por el comandante en jefe, Manuel Blanco Encalada. Con la incorporación de la fragata O’Higgins, se asentó de un golpe el predominio de Chile en el océano.



Fragata O'higgins,


Para dirigir a la Escuadra, se pensó en el inglés Lord Thomas Cochrane, antiguo jefe de la Armada de Inglaterra. Embestido como tal, con un solo buque, el O'Higgins, se presentó en enero de 1820 delante de Corral, el puerto de Valdivia. Apresó allí una nave española y días después hizo desembarcar un cuerpo de tropas tomando la ciudad de Valdivia. Posteriormente deseó llenarse de gloria y libertar Ancud, pero fue rechazado.

La Expedición Libertadora del Perú

Para asegurar la libertad de Chile se ideó un plan por San Martín contra los realistas del Perú, el cual debía concretarse enteramente por el Gobierno de Chile. Para la realización de tal proyecto, O'Higgins decidió tomar por iniciativa de su administración el equipamiento y costo de la empresa. Acumulando fondos por medio de empréstitos, O'Higgins consiguió equipar un ejército de 4.500 efectivos, una escuadra de 23 buques, con una tripulación de 2.000 individuos. La casi totalidad de la tropa y la mayoría de los oficiales eran de nacionalidad chilena, salvo los dos jefes; San Martín, argentino, y Cochrane, inglés.

Ante esta situación, el Océano Pacífico no había recibido hasta entonces una escuadra más poderosa. Valparaíso era el gran animador. Los barcos permanecían en su lugar. La población entera acudió a la playa para dar la despedida. En la mañana del 20 de agosto, poco después del mediodía, y a las aclamaciones de "¡Viva Chile!", dichas por la tripulación, se contestaba desde tierra con un grito similar. O'Higgins, emocionado expresó "¡De esas cuatro tablas penden los destinos de América!"


Virrey Joaquín de la Pezuela


En el Perú, el Ejército Libertador inició la campaña posesionándose de Pisco y bloqueando enseguida el Callao. Aquí Cochrane tomó la fragata española Esmeralda. San Martín, en tanto, negoció con el virrey Joaquín de la Pezuela sin grandes resultados. Sin embargo, el pueblo de Lima se pronunció a favor de los patriotas. El 28 de junio de 1821 se hizo solemnemente la proclamación de la Independencia del Perú, y San Martín fue nombrado jefe del país, con el título de Protector.

Mientras tanto, la situación del Ejército Chileno en el Perú se hacía difícil. Se hizo un nuevo sacrificio y enviaron provisiones y tropas. En tanto, por el norte del Perú, en Venezuela, Colombia y Ecuador se había alzado un nuevo genio militar: Simón Bolívar. Este ofreció a San Martín combinar un plan de liberación del Perú y le pidió una entrevista. San Martín aceptó gustoso, es­cribiéndole: "La América no olvidará el día que nos abracemos". Y fueron, efectivamente a abrazarse en julio de 1822 en la ciudad de Guayaquil.

En esos mismos días, el predominio de O'Higgins llegaba a su término, y una lucha civil de considerables proporciones se anunciaba en su contra. En cuanto a Cochrane, fue a prestar sus servicios navales al Brasil y luego a Grecia, combatiendo en favor de la misma causa de la libertad por que había combatido en Chile, siempre con brillo y con audacia. Sólo en 1860 falleció en su país, después de haber escrito las Memorias de su vida.

Obra del gobierno de Bernardo O’Higgins

a) El progreso intelectual

Sus grandes adelantos son considerados como una reforma social, es decir, tuvo por objetivo la modificación de la sociedad en el sentido de la revolución y de la república, con el propósito de adaptarla al nuevo régimen político. O'Higgins entendió que para poder organizar una verdadera república necesitaba cambiar la cultura y las costumbres que se mantenían desde la colonia.

El Instituto Nacional, fundado en 1813 fue reabierto en 1819, y un año más tarde lo fue también la Biblioteca Pública, reorganizada por Manuel de Salas. A su vez se menciona el Liceo de La Serena (1821) y las escuelas lancasterianas, en Valparaíso y Santiago. "Lancas­terianas" porque se inició un nuevo método de enseñanza, que consistía en que los propios niños se instruyeran entre sí, mutuamente, lo mismo que en el sistema de los "monitores" que se usó después. Para implantarlo se consiguió que vinieran al país algunos profesores extranjeros, de los cuales dos eran ingleses de credo protestante. Desde otro punto, se ordenó a los cabildos y a los conventos de religiosos y de religiosas la apertura de escuelas primarias; favoreció los servicios de imprenta, destacando con ello el periódico del gobierno llamado Gaceta Ministerial. Además se fundó la Academia Militar, destinada a la formación de oficiales y suboficiales.

b) El progreso material

En Santiago fundó el Mercado de Abastos, hoy Mercado Central, para la venta de todos los comestibles que consumía la capital. Con esta obra la ciudad ganó en salubridad y aseo; dejó de ser, en gran medida, lo que había sido, cuando la venta de los productos se efectuaba en su costado oriente y se arrojaban a las acequias abiertas todos los desperdicios El Cementerio General que hoy tiene Santiago fue fundado bajo su gobierno, no sin antes escuchar la protesta de la Iglesia Católica, la cual persistía en enterrar a los muertos dentro de las iglesias o junto a ellas.

Alameda de las delicias del 1800.

Creó el Teatro Municipal. La ancha avenida central que Santiago posee (mucho tiempo llamada la Alameda, y ahora Avenida del Libertador Bernardo O'Higgins), fue también obra del Director Supremo. Mediante su iniciativa se construyó allí un paseo sombreado por varias hileras de álamos; las acequias se hicieron de ladrillos, y el pedregal y basural que había allí, como antiguo lecho de río, desapareció. Se decretó el alumbrado de las calles, que debía ser servido por los vecinos, poniendo un farol en la puerta principal de las casas y manteniéndolo encendido hasta la medianoche. Se organizó la policía urbana y rural, en la mejor forma que lo permitieron los recursos; desde entonces existieron los "serenos" nocturnos que hasta muchos años después decían las horas y anunciaban a gritos los cambios del tiempo.

La pavimentación de las calles, la higiene pública y el ornato local le permitieron desde entonces a Santiago parecerse a una ciudad moderna; también participaron de ello Valparaíso, Concepción, La Serena y otras ciudades. Valparaíso adquirió un rápido desarrollo con la población extranjera cuyo número pasaba los 3.000 individuos, y con la creciente actividad de los negocios, como consecuencia de la libertad comercial y mercantil.

Ordenó, además, que las riñas de gallos, las corridas de toros, la celebración del carnaval, o “chaya", las fiestas en las tabernas de los arrabales, en donde predominaban los juegos de azar y las borracheras más incorregibles, juntamente con peleas, en muchas ocasiones sangrientas, fueran terminadas.

O'Higgins concluyó, en 1821, la construcción del canal del Maipo. Autorizó el establecimiento de un servicio de diligencias entre Santiago y Valparaíso, a las cuales se agregó un correo diario entre ambas ciudades. En otro orden, hubo de sostener el gobierno del Director Supremo una tenaz lucha contra el bandidaje. Numerosas bandas recorrían los caminos rurales, asaltando y matando con frecuencia a los transeúntes y a los moradores de las haciendas. Su acción determinó la completa encarcelación de dichos individuos.

c) Reformas sociales

O’Higgins decretó la abolición de los títulos de nobleza entregados por el rey a algunos vecinos ricos y de los distintivos o escudos de armas que lo certificaban. Tales "jeroglíficos" –fueron sus términos– estaban fuera de una república. Poco tiempo después intentó abolir los mayorazgos. A su vez, creó una Legión de Mérito, corporación cívica a la cual entrarían por gracia del Director las personas más distinguidas en el servicio público.

d) Relaciones con la Iglesia Católica


Obispo Rodriguez Zorrilla.


Las relaciones del gobierno con los dignatarios de la Iglesia, se mantuvieron hasta cierto punto amistosas. Su empeño por transformar la sociedad de la Colonia fue resistido por el clero. Pero había una parte de este partidaria de la revolución, sirviéndose de ella, asumiendo los mismos derechos que sobre los funcionarios religiosos tenía el rey de España.

Sin embargo, existían ciertos problemas que se debían resolver: la reglamentación, la renta del clero y el nombramiento de los obispos de Concepción y de Santiago, cargos que estaban vacantes. Para la diócesis de Santiago, restituyó en su cargo al obispo Rodríguez Zorrilla, que al fin se mostró dispuesto a reconocer la situación de Independencia creada en Chile, y envió a Roma, para ver modo de arreglar estas cuestiones directamente con el Papa –que se obstinaba todavía en no reconocer los nuevos Estados de América–, al presbítero José Ignacio Cienfuegos, patriota resuelto, que había servido interinamente el cargo de obispo de Santiago.

e) Relaciones internacionales

Celebró alianzas con los gobiernos del Perú y Colombia y mantuvo el pacto anterior con la Argentina. Se reconoció la Independencia por parte de Brasil, México y los Estados Unidos. El de este último país produjo en Chile un regocijo especial, aunque los Estados Unidos no reconocían a Chile particularmente, sino a todas las naciones formadas en la América antes española (1822). O'Higgins mantuvo también un agente diplomático en Inglaterra, de cuyo gobierno se esperaba reconociera la Independencia de los Estados del nuevo continente. Logró para Chile, por intermedio de su agente en Inglaterra, Antonio José de Irisarri, contratar un empréstito por un millón de libras esterlinas.

La oposición al gobierno de O’Higgins

El Gobierno de O'Higgins enfrentó serias dificultades. Entre ellas se cuentan la dictación de un reglamento provisional conocido con el nombre de Constitución de 1818. Estipulaba la existencia de un Senado al que se ha llamado "Conservador", compuesto de cinco miembros, de acuerdo con el cual debía ejercer el mando, y un Supremo Tribunal Judiciario, encargado de la alta administración de justicia, él se reservaba facultades casi ilimitadas; él mismo nombraba a los miembros de esas corporaciones y no ponía plazo al desempeño de su autoridad personal.

Su extrema condición de hombre poderoso, sumado a la ejecución de los Carreras, el asesinato de Manuel Rodríguez, las excesivas contribuciones al Fisco, su empeño por abolir las prerrogativas de la nobleza, su poco respeto a las ideas religiosas dominantes, el favor que entregaba a los extranjeros, la índole democrática de sus relaciones; todo eso era juzgado con severidad en los círculos afectados por su actuación.

Para paliar tal situación, convoco a una Asamblea Constituyente. La elección de los representantes populares en toda la República extralimitó los hechos, ya que bajo la presión del gobierno y a la exclusiva voluntad del Director, esta Asamblea sancionó una nueva Constitución, del año 1822. Ella entregaba el Poder Ejecutivo a un Director Supremo que debía ser elegido por seis años y podía ser reelegido, por una sola vez, por otros cuatro años. Establecía un Poder Legislativo bicameral y mantenía la conformación del Poder Judicial de la Constitución del año 1818.



General Ramón Freire.
Claramente se expresaba la perpetuidad del poder por parte de O’Higgins. La reacción contra esta disposición se vivió a fines de ese mismo año, cuando se levantó la provincia de Concepción encabezada por el intendente, general Ramón Freire. Días más tarde se sublevaba la provincia de La Serena. La guerra civil parecía inevitable.

Abdicación de O’Higgins

Poco antes de mediodía del 28 de enero, la sala del Consulado se vio invadida por una multitud de personas de las más representativas de Santiago. Deseaban dirigirse al palacio de gobierno a exigir a O'Higgins su renuncia El Director Supremo pregunta: "¿Cuál es el objetivo de esta asamblea?" Se le responde que ella desea su dimisión, como la única forma de evitar la guerra civil que se comienza a observar sobre la República.

O'Higgins exclama: "No me atemorizan los gritos sediciosos ni las amenazas. Desprecio hoy la muerte como la he despreciado en los campos de batalla. No puedo ni debo seguir la discusión iniciada en la forma que ha tomado". El Director discute con la comisión encargada y se deja convencer de la necesidad de su retiro del gobierno.

En reemplazo del Director, queda la Junta compuesta de tres miembros y un secretario, que son, respectivamente, los ciudadanos Agustín Eyzaguirre, José Miguel Infante, Fernando Errázuriz y Mariano Egaña.

O’Higgins, al entregar el poder señala: "Siento no depositar esta insignia ante la Asamblea Nacional de quien últimamente la había recibido; siento retirarme sin haber consolidado las instituciones que ella había creído propias para el país y que yo había jurado defender; pero llevo a lo menos el consuelo de dejar a Chile independiente de toda dominación extranjera, respetado en el exterior y cubierto de gloria por sus hechos de armas. Ahora soy un simple ciudadano".

Hidalgamente pide que se le acuse de los delitos cometidos y concluye exclamando, mientras se abre la casaca con tal precipitación que hace saltar los botones: "Tomad de mí la venganza que queráis. Aquí está mi pecho". Un fuerte "¡Viva el general O'Higgins!" fue la respuesta. Días después O'Higgins se trasladó a Valparaíso, y, al cabo de un juicio de residencia, que duró varios meses y que terminó con una completa justificación de su conducta, se embarcó para establecerse en el Perú, de donde no volvería. Nadie dudó entonces de que en el patriota del año 10, en el general del año 12, y en el Director Supremo del año 23 había también un ciudadano.

Finalizaba así la Patria Nueva.

A continuación, Ver: Lucha por la organización o Anarquía

Compilación: Profesor en Línea.

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Patria Nueva (1817 - 1823)

El periodo conocido como de la Patria Nueva se inicia a partir del triunfo de los patriotas chilenos en la batalla de Chacabuco (12 de febrero de 1817), con la posterior asunción de O'Higgins al mando de la nación, y termina con la abdicación del mismo en un cabildo efectuado el 28 de enero de 1823.


Coronel Gregorio Las Heras.



Primeras Medidas de O’Higgins

Una vez que el Ejército Libertador comenzó a liberar al país, uno de los primeros actos del gobierno de O'Higgins fue el rescate de los chilenos confinados en Juan Fernández.

El "Águila", barco apresado en Valparaíso, navegó en la búsqueda siendo restituidos a sus hogares. El regreso fue celebrado en aquel puerto y en Santiago.

Pero en lo que O'Higgins puso el mayor empeño fue en la organización de un nuevo ejército, previendo que los realistas que dominaban la provincia de Concepción habrían de intentar algún ataque, y si ellos no lo intentaban, el Virrey del Perú no tardaría en enviar un nuevo contingente de tropas que fuese a reconquistar el territorio.

A lo anterior se suma el destierro del obispo Rodríguez Zorrilla por tener un carácter realista en su actuar

El Coronel Las Heras consiguió dominar hasta la ribera sur del Bío-Bío. El general Freire, por otro lado, tomaba la plaza de Arauco.

Mariano Osorio regresa a restaurar el régimen realista

A fines de 1817, estaba de regreso en la bahía de Concepción, el brigadier Mariano Osorio, quien al mando de 3.200 hombres desembarcó en Talcahuano y pasó a la ofensiva, obligando a O’Higgins a replegarse al norte.

En tales circunstancias, ordenó el Director Supremo la redacción de un acta de independencia, cuyo texto, firmado el 1 de enero de 1818 en Concepción, fue dado a conocer en Talca el día 2 y jurado públicamente en Santiago el 12 de febrero.

Pero tales manifestaciones de soberanía no impidieron el avance de Osorio al norte, consiguiendo incluso derrotar a los patriotas el 19 de marzo en la Batalla de Cancha Rayada donde O’Higgins resultó malherido.


Batalla de Cancha Rayada

Cuando al día siguiente del desastre llegaron a la capital las primeras noticias, se produjo la más triste conmoción de desaliento y de pesar. Muchos comenzaron a prepararse para emigrar otra vez a Mendoza.

Se corría el rumor de que O'Higgins y San Martín habían perecido o estaban prisioneros. Otros afirmaban que el Ejército realista venía hacia Santiago y que las fuerzas patriotas no podrían oponerle resistencia.

Cuando ya iban transcurridos tres días de angustia, surgió la figura de Manuel Rodríguez, quien hizo reunir un cabildo abierto para arengar al pueblo. La popularidad del guerrillero aumentó desde ese instante debido a su frase celebre: "¡Aún tenemos patria, ciudadanos!". Inmediatamente después, repartió armas al pueblo y formó un batallón como de 200 hombres, al que llamó Húsares de la Muerte, porque debía llevar por divisa una calavera pintada de blanco en fondo negro.

La Batalla de Maipú, triunfo decisivo


Después del desastre de Cancha Rayada, la tarea del momento consistía en reunir todas las fuerzas que aún quedaban en pie, para defender a la capital contra el Ejército de Osorio, que, moviéndose lentamente, avanzaba hacia el norte.

Había que presentar una batalla que sería decisiva en la suerte de la revolución chilena y aun americana; porque si era perdida, la Independencia argentina peligraba, y si era ganada, la Expedición Libertadora del Perú, que tenía resuelta San Martín, sería un hecho.

Sin embargo, la suerte final de ambos bandos quedó sellada el día 5 de abril de 1818 en la Batalla de Maipú, donde las fuerzas patriotas dirigidas por San Martín consolidaron la independencia de Chile. El grito de "¡Viva la Patria!" se escuchó en toda la capital.

En ese instante O'Higgins había salido, con las tropas que guarnecían al vecindario y con numerosa gente del pueblo, en dirección a Maipú. No había podido resistir la impresión que le causaban el ruido de los cañones y el olor de la pólvora que el viento traía hasta la ciudad. Al ver a San Martín, expresó con fuerza “¡Gloria al salvador de Chile!”, a lo que San Martín le habría respondido: "Chile no olvidará jamás el nombre del ilustre inválido que el día de hoy se presenta al campo de batalla".

De todas maneras, este aplastante triunfo no limpió el área central de Chile de la presencia española. Parte del ejército realista derrotado en Maipú consiguió huir a Talcahuano y de allí embarcarse para Valdivia; mas en las zonas próximas al Biobío dejó un grupo importante de guerrilleros que hasta el año 1821 sostuvieron la defensa del rey. Este episodio conocido como La Guerra a Muerte fue dirigido por Vicente Benavides, que con la ayuda del virrey del Perú llegó a contar con un ejército de 1.700 soldados.

El área comprendida entre Chillán y la Araucanía fue testigo de una sangrienta guerra, caracterizada por la negativa de Benavides a reconocerle derecho de beligerancia al bando patriota, decretando la pena de muerte para diversas categorías de prisioneros.

El 9 de octubre de 1821, el coronel patriota José Joaquín Prieto derrotó a Benavides en la Batalla de las Vegas de Saldías (Chillán). La carrera de este defensor realista finalizó con su ejecución en febrero de 1822.

Las desventuras de los Carreras


Manuel Rodríguez.
Bernardo O´Higgins controla el poder en el nuevo Chile. Sin embargo, desde el principio se vio envuelto en dificultades de suma gravedad.

Los políticos dirigentes se hallaban divididos en dos partidos personales: los carreristas, y los o'higginistas.

La historia de Carrera lo sitúa en un plano dificultoso, tanto con O'Higgins como con San Martín. Sus hermanos, Juan José y Luis, son caudillos sediciosos con el propósito de arrebatar a O'Higgins su recién inaugurado gobierno.



Sin embargo, son apresados en Mendoza, donde por medio de un proceso fueron condenados a muerte y ejecutados en esta ciudad. Semejante hecho causó en Chile un resquemor enorme y los amigos de los Carreras hicieron desde ese día una encarnizada oposición al Director Supremo.

Entre ellos se cuenta a Manuel Rodríguez. O'Higgins decidió apresarlo y trasladarlo a Quillota. En el camino, cerca de Tiltil, el oficial de la guardia que lo iba custodiando lo hizo asesinar por algunos soldados, con el pretexto de que había intentado fugarse. Fue a fines de mayo de 1818.

Por su parte, José Miguel Carrera, aislado en Montevideo, no pensó ya sino en vengar a sus hermanos; pero primero decidió transformarse en montonero. Se mezcló en las contiendas civiles de las provincias argentinas; organizó una terrible montonera con los chilenos que en aquel territorio vivían, queriendo desestabilizar al gobernador Pueyrredón.

La Logia Lautarina

Un elemento importante a consignar lo determina la ligación de los hombres dirigentes de Chile y la Argentina con un pacto íntimo y oculto, contraído dentro de una asociación revolucionaria llamada Logia Lautarina.

Esta sociedad secreta, no sólo en su organización sino en sus procedimientos, había sido establecida por San Martín en Buenos Aires. Tenía como objetivo combatir en todo terreno contra la dominación de España en América y su mismo nombre, derivado de Lautaro, equivalía a un símbolo.

A Santiago, fue introducida por San Martín al poco tiempo de la victoria de Chacabuco, y actuó en connivencia con la de Buenos Aires, casi como una sección de ésta. Pueyrredón, el director de la Confederación Argentina, y O'Higgins, el director de la República de Chile, figuraban, con San Martín, entre los principales de sus miembros.

Así se explica el acuerdo invariable con que procedieron los gobiernos de Buenos Aires y de Santiago mientras aquellos hombres los regían. Y como la Logia era secreta y se hacía tanto misterio de sus resoluciones, se la acusó siempre de la muerte de los hermanos Carreras y de Manuel Rodríguez, y aun de las más insignificantes extorsiones.

La organización de la hacienda pública


José Ignacio Zenteno.
Entre las medidas que el director y su Ministro, José Ignacio Zenteno, con el propósito de aumentar las entradas al nuevo fisco, estuvo la apropiación de los bienes de los realistas; establecieron derechos de aduana y un estanco del tabaco, y en la imposición de nuevos y pesados tributos a las poblaciones y campos que dominaban las armas patriotas: donativos y préstamos forzosos, requisiciones de animales y forraje para el Ejército, contribuciones mensuales y anuales extraordinarias, etc. Con todos esos “impuestos” o tributos, la renta anual alcanzó a subir a más de dos millones de pesos.

Sin embargo, la agricultura y la minería, fuentes constantes de la producción del país, se resentían de las perturbaciones guerreras y de los métodos rutinarios empleados todavía en su explotación.

Y aun cuando el gobierno dictó diferentes leyes en su ayuda, y hasta algunas tarifas aduaneras protectoras que gravaban la internación de productos similares, poco se consiguió en su beneficio. A lo anterior se suman dos terremotos que se hicieron sentir en aquel mismo tiempo, uno en 1819, que arruinó a Copiapó, y otro en 1822, que arruinó a Valparaíso.

A continuación, Ver Primera Escuadra, gobierno y abdicación de O´Higgins

Compilación: Profesor en Línea

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Reconquista española (1814 - 1817)

Se conoce con el nombre de la Reconquista española al periodo que media entre la batalla de Rancagua (derrota de las fuerzas patriotas, 1814) y la posterior derrota de las fuerzas españolas en la batalla de Chacabuco (12 de febrero de 1817).

Gobierno de Mariano Osorio (1814-1815)


Mariano Osorio.


Luego de Rancagua, Osorio ocupó Santiago, quedando al mando del país con el título de gobernador. El propósito de las campañas de reconquista había sido el de acabar con los gobiernos criollos y restituir en todo su orden los principios coloniales de la administración monárquica. En este sentido, la Reconquista representa una negación de las reformas criollas y un castigo a los patriotas; en consecuencia aplicó una política represiva.

En este sentido, la primera medida odiosa fue el establecimiento de los Tribunales de Vindicación, ante los cuales debían acudir las personas que habían colaborado con los gobiernos patriotas para explicar su conducta. El Tribunal expedía un documento que si era favorable al interesado le permitía seguir disfrutando de su cargo si era empleado o militar, y ponerlo a salvo de futuras medidas represivas si era un particular.

También se ordenó el arresto de las personas que habían tenido notable actuación en los gobiernos patriotas; función policial que estuvo a cargo del Batallón los Talavera, al mando del capitán Vicente San Bruno. En el resto del país se cumplieron órdenes similares. Muchos de estos detenidos fueron confinados en diversos puntos del país y unos cuarenta remitidos al archipiélago de Juan Fernández, entre los que se encontraban destacados criollos como Manuel de Salas y Juan Egaña.

Además de los anterior, un grupo de hombres recluidos en la cárcel de Santiago fue víctima de una brutal intriga destinada a sembrar el terror en la población. Bajo la excusa de una falsa fuga varios de ellos fueron asesinados.

La persecución contra los patriotas también se dio en el aspecto económico. En este sentido, las medidas que se tomaron tendieron a castigarlos y a allegar fondos para los gastos públicos. Osorio ordenó establecer una Junta de Secuestros, con el fin de incautarse de los bienes de los patriotas y administrarlos mediante arriendos entregados en remate mientras se decidían las causas de aquellos.

También en el plano económico se implantaron exacciones bajo el concepto de empréstitos forzosos.

En forma paralela a la persecución política y económica, existió la preocupación por abolir las reformas criollas y reimplantar las coloniales. Incluso muchas de las reformas fueron suprimidas sin que mediasen órdenes específicas como fue el caso de la Ley de Libertad de Vientres y el Reglamento de Libre Comercio. En otros aspectos se dictaron decretos específicos como ocurrió con la supresión del Instituto Nacional, la Biblioteca y las escuelas sostenidas por los conventos. Se restablecieron, en cambio, la Real Audiencia y la Universidad de San Felipe.

En materia eclesiástica se restituyó al obispo realista José Santiago Rodríguez Zorrilla, el pago de los derechos parroquiales y la orden de continuar enviando dinero a Lima para el funcionamiento de la Inquisición.

Gobierno de Casimiro Marcó del Pont (1815-1817)

Casimiro Marcó del Pont.

En diciembre de 1815 llegó a Chile este nuevo gobernador, que en el ejercicio de su autoridad extremó más el rigor, provocando problemas con todos los niveles de la población chilena hasta provocar la insubordinación y la aparición de montoneras.

Se creó un Tribunal de Vigilancia y Seguridad Pública para cumplir estas disposiciones y mantener el orden. Las actuaciones de este Tribunal fueron odiosas y dieron lugar a delaciones, espionaje y allanamientos; acciones que en su conjunto fueron provocando un profundo malestar en la población.

Por otra parte, agente enviados por los patriotas desde Mendoza incitaban a la resistencia y alentaban la esperanza de una pronta liberación. Entre estos hombres, destacó nítidamente Manuel Rodríguez, joven abogado que había actuado como secretario de José Miguel Carrera y que ahora era el enlace principal entre los patriotas de uno y otro lado de los Andes. Rodríguez, con su habilidad para mezclarse con la gente, burló a las autoridades españolas. Se extremaron las medidas policiales, mientras el odio contra los españoles se iba extendiendo en los grupos modestos del pueblo. El descontento se propagó también a las provincias y en ese ambiente los patriotas pudieron moverse con mayor facilidad y de esta manera empezaron a aparecer montoneras, destinadas a provocar el desconcierto entre los españoles antes de la llegada del Ejército Libertador que se preparaba en Mendoza.

A comienzos de 1817 ya las montoneras pudieron llevar a cabo dos golpes de gran audacia y efecto. Dirigidas por Rodríguez, practicaron un asalto a Melipilla y unos días más tarde a San Fernando, terminando sus acciones exitosamente.

Estas acciones demostraban que el pueblo estaba contra la dominación española y que esperaba sólo el momento propicio para alzarse en su contra. Además, las tropas de Marcó del Pont debieron ser dispersadas en la región recorrida por guerrilleros entre Santiago y Talca, y no pudieron hacer frente en su totalidad al comienzo de la invasión del Ejército Libertador.

El Ejérciro Libertador


Ejército Libertador.


Luego del Desastre de Rancagua se produjo la emigración patriota hacia Mendoza. En ese lugar era gobernador de Cuyo el coronel José de San Martín, quien había asumido ese cargo en septiembre de 1814, pretextando mal estado de salud. En realidad, se experiencia sobre la guerra en el Alto Perú le había hecho llegar a la conclusión que por las condiciones naturales de la zona y el estado de las fuerzas militares, ni el bando patriota ni el realista, podían conseguir en esa región un triunfo definitivo; por lo tanto, lo mejor era confeccionar un nuevo plan que permitiera consolidar la emancipación de América del sur.

Con ese fin, San Martín elaboró un plan que contenía los siguientes puntos:

1) Mantener en el Alto Perú una guerra defensiva.

2) Organizar en Mendoza un ejército pequeño y disciplinado.

3) Invadir Chile y derrotar a los realistas en este país.

4) Apoyar en Chile un gobierno sólido y amigo.

5) Aliarse con este gobierno en la preparación de una expedición libertadora que invadiera Perú por mar y derrotara luego al grupo de las tropas realistas.

San Martín estaba convencido de que mientras no se consolidara la independencia del Perú y se expulsara a los españoles de ese lugar nunca estaría segura la emancipación chilena y Argentina.

Por otro lado, los emigrados chilenos en Mendoza continuaron divididos entre o’higginistas y carrerinos. O´Higgins y sus partidarios lograron ganar la confianza del gobierno de Cuyo; en cambio, Carrera debió abandonar ese lugar y dirigirse a Buenos Aires. A partir de ese momento O’Higgins y los militares que le seguían cooperaron estrechamente con San Martín para preparar un ejército que librase a Chile.

Con diversos procedimientos, San Martín y O’Higgins lograron formar el Ejército de los Andes, una fuerza bien organizada de aproximadamente 3.600 hombres, entre chilenos y argentinos.

En enero de 1817 el ejército salió de Mendoza, formando tres divisiones, las cuales eran mandadas respectivamente por O’Higgins, Soler y Las Heras. El ejército debía entrar a Chile por diversos puntos entre el valle de Copiapó y Curicó para desorientar a las autoridades realistas y levantar a la población de esa comarca.



Las Heras atravesó la cordillera por Uspallata y ocupó Los Andes. O’Higgins y Soler cruzaron por el paso de los Patos o Valle Hermoso y cayeron sobre San Felipe. Las tres divisiones se concentraron luego en Curicó para marchar sobre Santiago (9 de febrero de 1817). Otros destacamentos pequeños cayeron sobre Copiapó, Coquimbo, San Gabriel y otro dirigido por Freire pasaba por el Planchón y se unía a los guerrilleros de la región central.

Las fuerzas realistas poco pudieron hacer para enfrentar la invasión. Sólo unos 1.600 soldados realistas, al mando de Rafael Maroto, lograron concentrarse en la cuesta de Chacabuco donde fueron derrotados por Bernardo O’Higgins (12 de febrero).

La derrota realista permitió al ejército patriota entrar en Santiago dos días después en medio de entusiastas demostraciones de alegría.

Maroto, algunos oficiales y funcionarios públicos y alguna tropa lograron embarcarse en Valparaíso rumbo al Callao. Marcó del Pont no lo pudo hacer, hecho prisionero fue desterrado a Cuyo donde falleció en 1819.

El 15 de febrero un cabildo abierto ofreció a San Martín la dirección suprema de Chile, cargó que el patriota argentino rechazó según los principios de su plan de encabezar una expedición contra el Perú; propuso a O’Higgins, oferta que otro cabildo abierto, el día 16, aceptó. De esta manera, O’Higgins se transformó en director supremo, inicialmente sin restricciones a su mando.

A continuación, Ver Patria Nueva.

Compilación: Profesor en Línea

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Las armas defienden a la Patria Vieja

Junta de Gobierno de 1813

La Constitución de 1812 entró en vigencia a fines de octubre. El 1 de noviembre el Senado abrió sus sesiones, siendo designado sus miembros por las corporaciones de Santiago, contrariando de esa forma el reglamento constitucional que garantizaba la representación de las provincias.

A su vez, la Junta Superior Ejecutiva, aunque formada por tres miembros, estaba, sin duda, bajo el influjo de Carrera. Sus otros integrantes, Pedro Prado Jaraquemada y José Santiago Portales, lejos estaban de asumir una actitud innovadora, más bien favorecían cierta tendencia fidelista.

Y eso porque el movimiento que en noviembre de 1811 Carrera había encabezado, contó con la ayuda de varios realistas que llegaron a ver en él la reposición del viejo orden. Esta misma idea cundió entre los realistas de Valdivia y Concepción. Los primeros, en marzo de 1812 asumieron el control de la ciudad que luego pusieron bajos las órdenes del virrey del Perú; los segundos, en julio del mismo año, destituyeron a la junta que lideraba Martínez de Rozas y aunque permanecieron fieles al gobierno de Santiago, quedó en evidencia la inclinación realista de muchos jefes militares de la provincia.


Brigadier Antonio Pareja.



Estos hechos son de notoria importancia, porque el virrey del Perú desde 1809 venía observando la marcha de los movimientos juntistas y luego intervenido directamente en Quito y Alto Perú para acabar con las reformas de los criollos, esperanzado todavía en invadir Buenos Aires, su enemigo más contumaz. Los sucesos de Chile lo habían mantenido preocupado, pero empleando sus fuerzas militares en los lugares citados, no podía por el momento pensar en invadir el país.

Sin embargo, el rumbo que tomó la acción política de los patriotas, cada vez más inclinados a la independencia, en el transcurso del año 1812, y conociendo la tendencia fidelista de las provincias del sur, impulsaron a de Abascal a preparar y ejecutar la intervención militar en Chile.

Llegada de Antonio Pareja

A fines de 1812, ordenó el envío de una expedición al mando del brigadier de la Real Armada, Antonio Pareja, para que desde el sur iniciara la restauración del orden colonial.

El arribo de Pareja a Chile, tuvo de inmediato efectos políticos. El Senado designó a Carrera al mando de las tropas patriotas y organizó una nueva Junta Gubernativa, integrada por José Miguel Infante, Agustín Eyzaguirre y Francisco Antonio Pérez. Esta junta se caracterizó por las medidas que adoptó en el aspecto cultural, tratando de dar cumplimiento a muchas aspiraciones que se mantenían desde la colonia.

Procedió a la creación del Instituto Nacional, organizado de la fusión de cuatro establecimientos educacionales como eran la Universidad de San Felipe, el Convictorio Carolino, la Academia de San Luis y el Seminario Conciliar. En su enseñanza se procuró dar importancia a las ciencias naturales y a los métodos de experimentación.

También se creó la Biblioteca Nacional, sobre la base de casi 5.000 libros de la Universidad, siendo su primer director Manuel de Salas.

Se dictó la ley sobre libertad de imprenta y se reemplazó la Aurora de Chile por el Monitor Araucano, al que se le dio el carácter de oficial. Algunos meses después Antonio José de Irisarri inició la publicación del primer periódico privado, el Semanario Republicano, cuyo título indicaba a las claras las intenciones del editor.

La expedición de Pareja provocó un enorme descontento entre los criollos patriotas, contribuyendo a difundir la idea de independencia. La misma Junta ordenó eliminar la expresión de ser representante de la soberanía de Fernando VII. Dispuso también la Junta la creación de escuelas de primeras letras en todos los poblados o ciudades de más de 50 vecinos. La enseñanza sería gratuita.

El 1 de abri de 1813, el Senado, en vista de los últimos acontecimientos, confirió a José Miguel Carrera el grado de brigadier. También se resolvió darle el mando de todas las tropas del reino con el título de General del Ejército de la Frontera, y con el encargo de partir inmediatamente al sur a rechazar la invasión de Pareja.

Ese mismo día, Carrera salió en dirección al sur, estableciendo su cuartel general en Talca, donde llegó a reunir un contingente de 4.000 hombres. Igual cantidad había reunido Pareja que desde Chillán había comenzado a moverse en dirección del Maule. El 27 de abril de 1813 las tropas realistas se encontraban al norte de Linares, en la localidad de Yerbas Buenas, cuando fueron sorprendidas por una avanzada patriota, la que les infligió una grave derrota.

Enormes consecuencias tuvo el triunfo patriota de Yerbas Buenas sobre los realistas, que atemorizados de ser totalmente derrotados, se negaron a continuar el avance sobre el Maule. Esta resistencia de los soldados y el empeoramiento de las condiciones climáticas, obligaron a Pareja a tomar el camino de regreso a Chillán para invernar allí y emprender en primavera su campaña sobre Santiago.

Enterados los patriotas del retiro de los realistas, iniciaron su persecución para obligarlos a capitular. Todo parecía favorecerlos: su número se había incrementado en unos 10.000 hombres; en cambio, los realistas habían sufrido importantes deserciones, quedando reducidos a menos de 2.000, pero contaban con la ventaja de poseer tropas más disciplinadas y de mayor experiencia.

El día 4 de mayo, les dieron alcance en la localidad de San Carlos, pero sufrieron una seria derrota, pudiendo los realistas entrar a Chillán donde se acuartelaron y permanecieron allí el resto del año, resultando fracasados todos los intentos patriotas por conquistar esa ciudad. A su vez, los realistas debieron lamentar la pérdida del brigadier Pareja que afectado gravemente por una neumonía falleció el 21 de mayo. Lo reemplazó, entonces, el comandante Juan Francisco Sánchez.

Entretanto, Carrera ordenó la ocupación de Concepción y Los Ángeles. En octubre de 1813, cuando regresaba en compañía de O’Higgins desde Concepción, fueron sorprendidos en el lugar llamado El Roble, a orillas del río Itata, pero salvaron la situación gracias a las maniobras dirigidas por O’Higgins, cuya imagen se acrecentaba día a día, tanto por los éxitos militares que había obtenido como por la organización de nuevas tropas.

A fines de 1813 era ya un hecho consumado que los patriotas no iban a conquistar Chillán. Las recriminaciones se dirigieron contra el general Carrera; a quien se acusó de no haber actuado con prontitud y de haber rechazado los consejos de gente más experta, alargando de manera peligrosa una guerra que jugaba a favor del virrey Abascal, para quien la ineficacia de los patriotas le había permitido ganar tiempo en la preparación de nuevas tropas invasoras.

Provisto de estos antecedentes, el Senado decretó con fecha 17 de noviembre de 1813 la destitución de Carrera y puso al mando del ejército a bernardo O’Higgins. Después de entregar el mando se puso en marcha para Santiago en compañía de su hermano Luis, pero fueron asaltados por una guerrilla realista que los hizo prisioneros y los llevó a Chillán.

Campaña de Gabino Gaínza (1814)

La ineficacia patriota en la campaña de 1813, permitió al virrey Abascal organizar una nueva expedición al mando del brigadier Gabino Gaínza, que en enero de 1814 desembarcó en Arauco e inició un rápido avance hacia el norte.

Entretanto guerrillas realista tomaron Talca, dejando abierto el camino para Gaínza a Santiago, en circunstancias que O’Higgins se hallaba en las proximidades de Concepción. Entonces, en la capital un cabildo abierto determinó que la Junta fuera reemplazada por un director supremo, con la plenitud del poder público. La persona designada fue el gobernador de Valparaíso coronel Francisco de la Lastra. Por primera vez, desde 1810, el poder colegiado cedía lugar al unipersonal. De esta manera, se quería mejorar la eficacia en el mando patriota para enfrentar esta grave amenaza.

El ejército patriota, de campaña en el sur, había sido dividido en 2 ramas, una comandada por O’Higgins y otra por Juan Mackenna.

Gaínza los atacó sucesivamente, pero fue rechazado por O’Higgins en El Quilo y por Mackenna en Membrillar. De todas formas, continuó el ejército realista moviéndose al norte. Los patriotas corrieron a detenerlo, en una marcha paralela a la de los realistas. Ambos ejércitos pasaron el Maule; pero O’Higgins logró atrincherarse en la hacienda de Quechereguas, donde rechazó los ataques de Gaínza, el volvió a Talca casi en derrota (abril de 1814).

Se produjo, ahora, una larga situación de espera en que ambos ejércitos se acuartelaron sin atreverse a pasar a la ofensiva, porque la campaña los había agotado peligrosamente. Por otra parte, Fernando VII había vuelto al trono español y comenzaba a enviar tropas a América. Al mismo tiempo, los movimientos juntistas de México, Venezuela y Alto Perú comenzaban a ser derrotados.

En estas circunstancias, llegó a Valparaíso el comodoro inglés James Hillyar, que había tenido en Lima algunas conferencias con el virrey Abascal, en que ese alto funcionario se había manifestado dispuesto a tratar con los insurgentes de Chile, es decir los patriotas y aceptado la mediación del mismo comodoro inglés. El gobierno de De la Lastra aceptó la propuesta como un medio de obtener una tregua honrosa, y envió a O´Higgins las instrucciones para tratar con Gaínza.

En el fondo ambos bandos quisieron llegar a un acuerdo como una manera de ganar tiempo antes de volver a entrar en campaña.

El acuerdo fue conocido como Tratado de Lircay (3 de mayo de 1814), en éste se estipulaba lo siguiente: los patriotas reconocían su dependencia de España, pero conservaban el derecho de autogobernarse; los realistas consentían en dejar subsistente el gobierno establecido en Chile y a evacuar sus tropas de Chile en el lapso de un mes.

Gaínza emprendió la retirada a Chillán, pero en vez de evacuar el país en el plazo fijado, permaneció en aquella ciudad a la espera de refuerzos.

Expedición de Mariano Osorio (1814)

En el tratado de Lircay se incluyó un artículo secreto en virtud del cual José Miguel y Luis Carrera serían entregados al gobierno patriota, el que a su vez tenía la intención de alejarlos del país en uno de los barcos de Hillyar. Pero los Carreras, que habían llegado a gozar de cierta libertad dentro de Chillán y mantenían relaciones con algunos realistas prominentes, lograron fugarse con la complicidad de éstos.

Después, marcharon a la capital donde se pusieron a la cabeza de sus seguidores que, descontentos con el tratado, deseaban el fin del gobierno de De la Lastra. Con ese fin sublevaron una guarnición y reunieron un cabildo abierto, que designó una junta de gobierno.

El ejército del sur al mando de O’Higgins, marchó contra el nuevo gobierno, pero su vanguardia fue rechazada por los carrerinos en el combate de Tres Acequías (26 de agosto).

O’Higgins se retiró al sur con la intención de reanudar operaciones; pero no tardó en recibir noticias alarmantes. El virrey Abascal desaprobando el convenio de Lircay y deseoso de reconquistar Chile, enviaba al brigadier Mariano Osorio con considerables tropas de refuerzo. Los bandos patriotas se reconciliaron para rechazar entonces al enemigo.

Osorio, al frente de 5.000 hombres, entre los cuales venía el batallón español Los Talaveras de la Reina, consiguió llegar al frente de Rancagua sin que Carrera hubiese adoptado un plan serio de defensa. Por esto razón las divisiones de O’Higgins y Juan José Carrera, de unos 1.700 hombres, se atrincheraron en Rancagua, siendo atacados por Osorio el 1 de octubre. A la jornada siguiente, O’Higgins decidió la retirada.


Mariano Osorio.


La plaza de Rancagua, situada en el centro de la ciudad daba frente entonces, como hoy, a solo cuatro calles que venían a cortarse en la mitad de sus cuatro costados. Por consiguiente, las bocacalles laterales quedaban a una cuadra de distancia. Fue precisamente en esquinas de esas cuatro que daban acceso a la plaza donde O’Higgins hizo construir trincheras de adobones para fortificarse con sus tropas.

Por cierto, esas fuerzas no constituían todo el ejército de la patria. José Miguel Carrera, en su carácter de general en jefe de la campaña, había dado el mando de las otras dos divisiones a sus hermanos Juan José y Luis, y se mantenía un poco al norte de Rancagua, a una legua, con fuerzas más numerosas, pero mucho menos disciplinas que las de O'Higgins.

En la mañana del 1º de octubre las tropas españolas emprendieron el asedio de la plaza fortificada. Se luchó todo el día; tres asaltos consecutivos fueron rechazados por los defensores. Los cañones de las trincheras y el fuego de fusil que se hacía desde el techo y las ventanas de los edificios que rodeaban el reducto, produjeron estragos enormes en las filas sitiadoras.

La bandera de la patria flameaba en la torre de la iglesia central y al pie de cada trinchera, coronada de un jirón negro que se había colocado sobre su mástil, en señal de que la guarnición pelearía hasta morir. La noche separó a los combatientes. De cuando en cuando, disparos sueltos atronaban el aire y llevaban la alarma a los campamentos silenciosos.

Al paso que los españoles comprendían muy bien que aquello presentaba visos de desastre, los patriotas se sentían animados por la vigorosa defensa hacían; pero no dejaban de darse cuenta de que su situación se tornaría pronto insostenible si no les venían socorros de afuera.

El árbitro de la campaña, en esos momentos, debía ser José Miguel Carrera, quien con sus tropas de refresco seguía man­teniéndose en expectativa a una legua de distancia del sitio del combate. O'Higgins envió, en consecuencia, un mensaje al general en jefe, mensaje que fue llevado por un soldado intrépido, saltando tapias y escalando edificios, y que, escrito en una tira de papel, decía simplemente: "Si vienen municiones y carga la tercera división, todo es hecho". A esto contestó Carrera con el mismo portador: "Municiones no pueden ir sino en la punta de las bayonetas. Mañana, al amanecer, hará sacrificios esta división".

En la madrugada del 2 de octubre Osorio renovó el ataque y se peleó con encarnizamiento terrible. Los defensores de la plaza confiaban ciegamente en el auxilio de Carrera. A eso de las once de la mañana, el vigía, situado en la torre de la iglesia de la Merced, anunció que se divisaba una polvareda por los caminos del norte. Un grito de "¡Viva la patria!" recibió la fausta noticia, pues esa polvareda no podía ser sino la que levantaban las fuerzas de Carrera al acercarse.

Luego, sin embargo, este grito de triunfo y de esperanza se cambió en un lamento de desesperación; el mismo vigía co­menzó a gritar: "¡Ya corren, ya corren"! Era la división de Luis Carrera, que, al encontrarse con las primeras partidas realistas que habían salido a detenerla, se retiraba en desorden, con rumbo a Santiago.

A pesar de todo, la resistencia no cesó en la plaza. Los realistas habían desviado las acequias que entraban al campamento de los defensores, y éstos con las municiones casi agotadas, sudorosos bajo el ardiente sol, hambrientos y cansados después de más de treinta horas de combate, sin agua ni para la bebida ni para refrescar los cañones, en los cuales la pólvora se ardía antes de poner la carga, no veían ya forma de continuar peleando. Hasta los cadáveres de los caídos servían de trinchera.

El asalto arreciaba por momentos, tenaz y dirigido con certeza, y el instante decisivo se aproximó por fin. Los edificios de un costado de la plaza comenzaron a arder, incendiados por los sitiadores. Una chispa que cayó al depósito de pólvora de los patriotas produjo una explosión que lo hizo volar.

Protegidos por la confusión y la humareda, los enemigos penetraron entonces por diversos lados. O'Higgins, sereno todavía, com­prendió que todo era ya inútil, y dio la orden de montar a caballo el que pudiera. Seguido de unos quinientos hombres, se abrió paso a través de una trinchera, en medio de la lluvia de balas. Un tercio de estas fuerzas quedó sobre el campo, pero el general salvaba la bandera con el último resto de su ejército.

Mientras tanto, la soldadesca vencedora tomaba posesión de la plaza y acometía con furor a los heridos, a los niños y a las mujeres que se habían asilado en los templos. Cuando la columna de O'Higgins dio desde lejos una última mirada sobre la plaza destruida, el sol iba a ocultarse y todavía pudo percibir en el horizonte la humareda de sus escombros.


Desastre de Rancagua.

Fin de la Patria Vieja

Con la toma de Rancagua, el camino de Santiago quedaba abierto a los realistas. Y, en efecto, tres días después las avanzadas de Osorio entraban en la capital al son de repiques de campanas, disparos de cohetes y aplausos de la muchedumbre. Al otro día las calles embanderadas y las tropas formadas en ellas aguardaban la llegada del jefe victorioso, el cual era recibido al caer la tarde en medio de entusiastas manifestaciones. Desde ese momento el gobierno colonial quedaba establecido y la reconquista española consumada

Entretanto, las últimas huestes del ejército patriota, con O'Higgins y Carrera en sus filas, juntamente con muchos vecinos prestigiosos de la capital, habían emprendido la emigración a la Argentina, y en número de tres mil, más o menos, cruzaban los Andes por el paso de Uspallata

Sin más ropas que las comunes, iban huyendo de las persecuciones que vendrían y del populacho miserable que se había entregado al robo apenas supo la noticia del desastre nacional. Esa emigración no se detuvo hasta que se halló en Mendoza, en donde fue recibida con benevolencia por el gobernador de la provincia de Cuyo, José de San Martín.

A continuación, Ver Reconquista española.

Ver también: Batallas de 1813 - 1814

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Primer Congreso Nacional

Su instalación, hecha bajo juramento de fidelidad a Fernando VII, se verificó el 4 de julio de 1811 en el edificio de la Real Audiencia. Inicialmente iba a integrarse por 36 diputados, pero su número se incrementó en seis, debido a que el Cabildo de Santiago reclamó el derecho a tener 12 en atención al mayor número de habitantes que el resto de las circunscripciones. Esta maniobra política permitió a los fidelistas alcanzar el control del Congreso.


Desde un comienzo el accionar del Congreso fue confuso, debido tanto a la falta de experiencia política como a la división que se observó en su interior entre la mayoría fidelista (reacia y temerosa a las reformas) y la minoría radical, compuesta por 12 diputados, entre los que destacaban Bernardo O'Higgins y Manuel de Salas.




Desesperados los radicales por la inacción del Congreso, comenzaron a tramar una acción de fuerza para cambiar su fisonomía. Recurrieron a jóvenes oficiales de tropas recién formadas y que se mostraban descontentos con el rumbo que el Congreso había impuesto al gobierno criollo. Sin embargo, durante todo el mes de julio y los primeros días de agosto, el movimiento, por diversas razones, debió ser postergado.

A comienzos de agosto, el Congreso acordó entregar el poder ejecutivo a una Junta que le estaría subordinada. Con este acto se ponía en evidencia la confianza de la aristocracia por los gobiernos colegiados y su temor a la concentración del poder en una sola mano. El problema en torno a la llamada Junta Ejecutiva surgió porque los diputados radicales comenzaron a exigir que los 3 miembros que debían integrarla representaran respectivamente a las localidades de Coquimbo, Santiago y Concepción, esperanzados en colocar a Martínez de Rozas como miembro por esta última ciudad, e ilusionados porque conociendo su abierta postura reformista y separatista esperaban grandes cambios. Lamentablemente para ellos, la mayoría fidelista designó a hombres de sus filas.

Este hecho provocó una ruptura frontal entre los dos bandos en el congreso. El día 9 de agosto los diputados radicales procedieron a retirarse, acusando a la mayoría de querer restablecer el antiguo régimen, aliándose al grupo realista, cuyos miembros comenzaron a ser llamados por el sobrenombre de sarracenos. A su vez, Martínez de Rozas se trasladó a Concepción donde el 5 de noviembre, en cabildo abierto, se estableció una Junta provincial independentista, que se juró subordinada al gobierno criollo de Santiago, pero resuelta a manifestar el descontento de los penquistas. De inmediato procedió a retirar la confianza a sus 2 diputados que se habían integrado al grupo fidelista y a reemplazarlos por 2 radicales.

En Santiago, mientras tanto, los radicales se convencieron que el único camino para cambiar las cosas era una acción de fuerza. Recurrieron, pues, a los oficiales más dispuestos a su causa, entre los que destacaba Juan José y Luis Carrera. Estos presentaron a su hermano José Miguel que en el mes de julio había llegado a Chile procedente de España y convencido que era llegada la hora de la independencia.

El 4 de septiembre, José Miguel Carrera intervino por primera vez en la vida pública chilena, dirigiendo este golpe de fuerza contra el Congreso Nacional. Las demandas que presentó a la corporación, y que, por supuesto, eran del sentir de los radicales, incluían:

1º Remover de sus puestos a los diputados fidelistas y rebajar de 12 a 6 el número de representantes por Santiago.

2º Exonerar a varios funcionarios públicos que se habían mostrado opositores francos a las reformas criollas.

3º Establecer una junta ejecutiva de cinco miembros, pero subordinada al Congreso.

4º Desterrar a los opositores al movimiento criollo.

Todas las peticiones fueron acogidas y pudo recién ahora el Congreso dedicarse a la discusión y aprobación de proyectos.

Labor del Congreso Nacional

1º Creación de la provincia de Coquimbo.

2º Prohibición de vender en remate público los cargos del cabildo.

3º Supresión de los derechos parroquiales.

4º Cese del envío de dinero a Lima para la Inquisición.

5º Autoriza la creación de cementerios en las afueras de las ciudades, prohibiéndose el entierro en las iglesias.

6º Creación del Tribunal Supremo Judiciario que reemplazaría en el dictamen de fallos de última instancia al Consejo de Indias. Con ello el Congreso negaba la autoridad de cualquier organismo extranjero en los asuntos de Chile.

7º Promulgación de la Ley de Libertad de Vientres, iniciativa de Manuel de Salas, mediante la cual se declaraba libre a todo hijo de esclavo que naciera en Chile con posterioridad al 15 de octubre de 1811, fecha de promulgación de la ley. También se prohibía la internación de nuevos esclavos y aquellos en carácter de tránsito serían libres si permanecían más de seis meses en Chile.

8º Envío de Francisco Antonio Pinto como agente del gobierno chileno ante la Junta de Buenos Aires, adquiriendo las relaciones con ese país el carácter de oficial.

El fin del Congreso Nacional

Luego del golpe del 4 de septiembre, los hermanos Juan José y Luis Carrera afianzaron su posición al mando de tropas militares. José Miguel, en cambio, no recibió directamente ningún beneficio, dedicándose desde entonces a planificar su ascenso al poder. Para ello trabajo intensamente junto a sus hermanos e hicieron creer al bando de los sarracenos, o godos como también los llamaba Carrera, que estaban dispuestos a restablecer el antiguo régimen a cambio de apoyo.

Fue así como el 15 de noviembre, dirigidas las tropas por Juan José Carrera, se exigió al Congreso que por segunda vez se cambiara a los miembros de la junta, excusa para llevar al poder a José Miguel, y se suspendiera la orden de destierro contra los fidelistas dada el 4 de septiembre. De paso manifestaron al Congreso que estaban dispuestos a continuar apoyando las reformas criollas, dejando de esta manera en claro que sólo habían utilizado a su favor a los sarracenos. Presionado el Congreso tuvo que acceder a las peticiones. Se organizó una nueva Junta Ejecutiva de 3 miembros, uno por cada provincia. Gaspar Marín por Coquimbo, José Miguel Carrera por Santiago y Juan Martínez de Rozas por Concepción, pero como este último no se encontraba en la capital, fue designado en carácter de suplente Bernardo O'Higgins. Sin embargo, algunos diputados procedieron a retirarse del Congreso al ver en este movimiento el camino al establecimiento de un régimen personalista.

Las disputas de Carrera con los otros dos miembros de la junta, que tenían mayoría en el Congreso, alcanzaron cada vez tonos más agrios. Carrera podía comprobar que su falta de aliados en el Congreso le imposibilitaba de dirigir el movimiento criollo a su gustoLa oportunidad de consolidar su situación se vio favorecida a fines de noviembre al descubrir un complot en su contra. En el proceso que llevó contra los cabecillas, trató de ver -injustificadamente- la mano del Congreso. El 2 de diciembre anunció a los otros dos integrantes de la junta Ejecutiva que había decidido clausurar el Congreso en vista de las pruebas que, según él, incriminaban a ese organismo. De inmediato O'Higgins y Marín renunciaron.

El Gobierno de José Miguel Carrera



Jose Miguel carrera
El gobierno de Carrera tuvo un profundo y audaz sentido renovador. El caudillo y sus colaboradores tenían la mente puesta en la independencia y se esforzaron por preparar el camino y divulgar las ideas de la libertad. Varias iniciativas significaron notorios avances y Carrera llegó a pensar en proclamar la independencia.

El primer semestre de 1812, lo pasó ocupado en promover varias ideas reformistas y en acabar con la Junta provincial de Concepción que no había aprobado sus métodos para llegar al poder. En julio de ese año, consiguió su fin y ordenó luego el destierro a Mendoza de Juan Martínez de R.

Un importante estímulo recibió el movimiento criollo al llegar a Chile el cónsul norteamericano Joel Robert Poinsett, designado por el presidente James Madison, en misión en el Río de la Plata y en Chile, como una primera aproximación hacia los gobiernos establecidos en ambos lugares. Su arribó causó gran revuelo y los patriotas quisieron ver en su misión una especie de reconocimiento tácito al gobierno chileno y a su causa. Las actuaciones del cónsul fueron de franco apoyo a los patriotas con cuyos círculos convivió. Una gran amistad lo ligó con Carrera, a quien incluso acompañó en el comienzo de las campañas militares de la Patria Vieja.

La intención más seria del gobierno de Carrera fue contribuir a la formación de una conciencia chilena, es decir, que los criollos supieran distinguir entre lo español y sus intereses como nación. Por tal razón las obras de su gobierno llevan un marcado interés en lo ideológico. Difundir ideas, educar, crear conciencia de la diferencia con España.

Con ese fin adquirió una imprenta que había hecho llegar al país el norteamericano Mateo Arnoldo Hoevel. Con ella se dio a la tarea de publicar el primer periódico nacional Aurora de Chile, cuyo primer número dio a luz pública el 13 de febrero de 1811). Su primer director fue fray Camilo Henríquez; colaboró también Manuel de Salas, Antonio José de Irisarri y Bernardo Vera, difundiendo los más revolucionarios conceptos de filosofía política, leídos de autores franceses principalmente.

Siguiendo esta orientación se creó una bandera y escarapela nacional que debían reemplazar a las españolas. La bandera estaba diseñada en 3 franjas horizontales con los colores blanco, azul y amarillo. La escarapela fue exhibida por los militares en sus sombreros y luego por los civiles y los eclesiásticos. Promulgó un decreto sobre escuelas de primeras letras para niños y niñas pobres que los conventos de curas y monjas debían abrir. Pero lo más significativo de su gobierno fue la dictación del primer reglamento constitucional en 1812.


Fray Camilo Henríquez


Elaborado por una comisión designada por Carrera, en la que destacaron Camilo Henríquez, Manuel de Salas y José Antonio Irisarri. Esta constitución que tenía el carácter de provisoria, se componía de 24 artículos, que a pesar de su brevedad no dejaron de causar cierto escándalo. En ella, Fernando VII, aunque reconocido como soberano, debía someter su autoridad a los principios que una constitución definitiva determinara. En su nombre gobernaría una Junta Superior Ejecutiva, a cuyo cargo estarían el régimen interior y las relaciones exteriores. Se componía de 3 miembros, elegidos por un período de tres años.

La Junta quedaba sometida al control de un Senado de siete miembros, dos en representación por la provincia de Coquimbo, tres por la de Santiago y otros dos por la de Concepción. El consentimiento del Senado era indispensable para imponer contribuciones, declarar la guerra, hacer la paz, acuñar monedas, establecer alianzas y tratados de comercio, nombrar agentes diplomáticos, reclutar tropas, mediar en caso de conflicto entre las provincias, designar autoridades o crear en su defecto cargos públicos, entablar relaciones exteriores y modificar la constitución. De común con el Tribunal de Apelaciones, conocía de los juicios de residencia de los vocales de la Junta.

El reglamento constitucional establecía que la religión católica apostólica es y será siempre la de Chile (Art. 1º), y de que ningún decreto, providencia u orden que emane de cualquier autoridad o tribunal fuera del territorio Chile, tendrá efecto alguno, y quienes intentaren darle valor serán castigados como reos de estado (Art.5º).

Estas dos disposiciones acarrearon serias dificultades con el clero y los sectores más religiosos y conservadores. La omisión de la palabra romana hacía pensar que se pretendía independizar la iglesia chilena del papado; al mismo tiempo, la prohibición de acatar decretos, providencias u órdenes foráneas, motivó a pensar a los más conservadores que el propósito último era la independencia más absoluta respecto de España.

A continuación, Ver Las armas defienden a la Patria.

Compilación: Profesor en Línea

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Patria Vieja (1810 - 1814)

Primera Junta Nacional de Gobierno


En 1808 murió el Gobernador de Chile Luis Muñoz de Guzmán, y en su reemplazo se designó, en forma interna, al brigadier de mayor graduación, Francisco Antonio García Carrasco, hombre de escasas aptitudes políticas, que por sus arbitrariedades e imprudencias se ganó rápidamente la animadversión de la Real Audiencia y del Cabildo de Santiago.

Los errores cometidos por García Carrasco durante su período de gobierno fueron numerosos. Entre las medidas que ordenó, la que más conmocionó a la aristocracia santiaguina fue la reclusión de tres de sus más distinguidos miembros: Juan Antonio Ovalle, José Antonio de Rojas y Bernardo Vera y Pintado, acusados sin mayores fundamentos de organizar un movimiento en pro de la independencia.




Todo contribuyó a que se le solicitara la renuncia, la que fue presentada el 16 de julio de 1810. En su reemplazo se nombró, también con calidad de interino, al anciano de 83 años, Mateo de Toro y Zambrano.

El Cabildo santiaguino presionó incesantemente por lograr que el nuevo Gobernador convocase a Cabildo abierto. La real Audiencia era contraria a ello, pues se oponía a la creación de un Gobierno Autónomo. Sus miembros eran partidarios de obedecer a las Autoridades Españoles constituidas en la península o a las que se encontraban en América y que habían sido nombradas con anterioridad a la crisis monárquica.

Pero la postura de la Real Audiencia no prosperó, y el Gobernador convocó al pueblo de Santiago, a un Cabildo abierto para el 18 de septiembre de 1810, con el fin de resolver, ante la difícil situación política que afectaba a las colonias, cuál era la forma de gobierno que más convenía al Reino de Chile.

A su vez, el Consejo de Regencia establecido en España dirigió a los americanos una proclama por la cual condenaba al régimen dominante francés. En ella pedía a las colonias la designación de diputados a las Cortes de la Península, y después de declarar la igualdad de derechos de las provincias con la metrópoli, les decía:

"Desde este momento, españoles americanos, os veis elevados a la dignidad de hombres libres. En el acto de elegir vuestro diputado es preciso que cada elector se diga a sí mismo: este hombre es el que ha de exponer y remediar todos los abusos, todas las extorsiones, todos los males que han causado la arbitrariedad y nulidad de los mandatarios del antiguo gobierno..."

Alentados los patriotas con ese franco reconocimiento de la necesidad de reformas políticas, pusieron el más vivo empeño en apresurar la formación de la Junta gubernativa que desde tanto tiempo les traía agitados. De esta forma, los críollos fueron los responsables de arreglar de antemano el asunto del cabildo abierto. La reunión se realizó en el edificio del Tribunal del Consulado por poseer un salón más amplio que el del cabildo de Santiago.

La sesión se abrió con la renuncia del gobernador. Luego tomó la palabra el procurador del cabildo don José Miguel Infante, quien justificó tanto la realización del cabildo abierto como la conveniencia de instalar una junta de gobierno. En su discurso fundamentó en los siguientes puntos esos propósitos:

1º La formación de una junta constituía un acto pleno de la soberanía nacional

2° Estando además el rey cautivo la soberanía vuelve al pueblo (Ley Castellana de las Siete Partidas).

3º Los americanos al igual que los españoles tienen derecho y actúan legalmente al organizar un gobierno propio; por cuanto las organizadas en España representan sólo al pueblo español. Siendo América un bien de la Corona de Castilla, las juntas de la metrópoli no tienen jurisdicción en América.

4º El propio Consejo de Regencia en su proclama de instalación dejó establecido que ella serviría de ejemplo a los pueblos de América (esta era una interpretación errónea de Infante).

5º La junta que se instalaría en Chile constituiría un acto de fidelidad a Fernando VII y gobernaría en su nombre mientras éste permaneciera en cautiverio.

La idea de formar una junta fue aprobada mayoritariamente. A continuación el propio Infante propuso el listado de los personajes que debían integrar la junta, según el criterio del cabildo. Todos fueron aprobados por aclamación.

Presidente: Mateo de Toro y Zambrano

Vicepresidente: José Antonio Martínez Aldunate, Obispo de Santiago

Vocales: Fernando Márquez de la Plata, Juan Martínez de Rozas, Ignacio de la Carrera Cuevas, Francisco Javier Reina y Juan Enrique Rosales

Secretarios: José Gaspar Marín y José Gregorio Argomedo Montero




Con estas nominaciones se logró tener la representación general de la sociedad y sus poderes: el rey y la iglesia católica como poderes tradicionales por medio de las figuras del presidente y vicepresidente. Márquez de la Plata por los europeos juntistas; Juan Martínez de Rozas por la aristocracia de Concepción y don Ignacio de la Carrera por la de Santiago.

Todos los cuerpos militares, jefes, prelados, religiosos y vecinos juraron fidelidad a la Junta. Se cerró la sesión con la redacción del Acta de instalación, donde se dejó constancia de que:

1° La junta constituía un acto de fidelidad a Fernando VII.

2° Siendo un acto político de la aristocracia de Santiago se convocaría a una asamblea de todos los pueblos (Congreso Nacional).

El cabildo abierto se disolvió poco antes de las tres de la tarde, en medio de grandes manifestaciones. Repiques de campanas anunciaron a la población el advenimiento del primer gobierno nacional. En la noche la ciudad se iluminó y se improvisó una banda de músicos que fue a dar serenatas al conde de la Conquista y demás miembros de la Junta.

Labor de la Primera Junta de Gobierno

El virreinato del Perú, dirigido entonces por Fernando de Abascal, se transformó en el gran centro opositor a los movimientos juntistas de América del Sur. La situación de privilegio que el Perú había mantenido durante los siglos coloniales le hacían ver con temor la marcha de los patriotas en el gobierno. Tanto cuando se formaron juntas en Quito como en la Audiencia de Charcas, el virrey había ordenado la invasión militar de esos territorios, a pesar de no estar bajo su jurisdicción, y restaurado el viejo orden. En respuesta a la aparición de la junta de Buenos Aires también procedió a la invasión del noroeste argentino con el propósito último de alcanzar la capital del virreinato de la Plata. Por lo tanto, los criollos chilenos observaban atentos la marcha de los acontecimientos, evitando dar excusas al virrey que justificaran también la invasión de Chile bajo el cargo de sedición. Lo que en realidad no sabían los patriotas de Santiago era que el virrey ya no disponía de fuerzas militares adicionales para expedicionar sobre Chile, pues sus esfuerzos se concentraban ya fuera en frenar el avance de los rioplatenses o aproximarse lo máximo a su capital. Pero de todas maneras, este temor condicionó a la conservadora aristocracia chilena al momento de decidirse por una política de reformas

Las obras de la Primera Junta de Gobierno se resume en las siguientes acciones:

1º Creación de fuerzas militares para asegurar la defensa del país, en especial del virrey del Perú.

2º Establecimiento de relaciones diplomáticas con la junta de Buenos Aires, a través de su representante en Chile Antonio Álvarez Jonte.

3º Envío a Buenos Aires de 400 hombres para defensa de ese territorio contra los ejércitos realistas de Abascal.

4º Decreto de Libre Comercio (febrero de 1811): que abrió los puertos de Valdivia, Talcahuano, Valparaíso y Coquimbo al comercio con naves amigas, aliadas y neutrales de España. Quedó autorizado el ingreso de cualquier tipo de mercaderías, excepto ron, cerveza, vino, aguardiente y sombreros y también efectos estancados en manos del fisco: tabaco, rapé y naipe. Las mercaderías provenientes del extranjero pagarían un arancel de un 30% sobre su valor, con la excepción de las del Perú y Río de la Plata que continuarían gravadas en un 13%. Se dispuso la liberación de derechos aduaneros por un año y medio a los libros, planos, cartas geográficas, sables, pistolas, espadas, fusiles, cañones, pólvora, balas y demás pertrechos de guerra; imprentas, instrumentos y máquinas de física y matemáticas, herramientas y máquinas industriales.

Un hecho puntual desencadeno una acción determinante. El 26 de febrero falleció el conde de la Conquista, don Mateo de Toro Zambrano. Este hecho apresuró la convocatoria a elecciones para el Congreso.

5º Convocatoria al primer Congreso Nacional a objeto de reunir una verdadera representación nacional y promulgar una constitución que impidiese los abusos del poder. Según las disposiciones dictadas por la junta, el Congreso se compondría de 36 diputados, de sexo masculino y mayores de 25 años, elegidos en proporción a la población calculada de cada distrito.

A principios de 1811, todo dejaba ver el terreno que ganaban las ideas revolucionarias entre los criollos de más ilustración: carteles manuscritos pegados en las esquinas, choques frecuentes entre españoles y patriotas en las calles y otras demostraciones parecidas.

Entre los escritos que entonces produjeron más impresión, figuró la proclama de Quirino Lemáchez. En este documento se instaba a los patriotas a declarar la completa independencia. "La naturaleza –decía– nos hizo iguales, y solamente en fuerza de un pacto libre, espontáneo y voluntariamente celebrado, puede otro hombre ejercer sobre nosotros una autoridad justa, legítima y razonable”.

De estas afirmaciones deducía que, como ni los antepasados de los patriotas ni los patriotas mismos habían convenido en ese pacto, el gobierno nuevo de Chile se debía constituir con prescindencia absoluta de España. En lenguaje altivo y ardoroso pintaba los horrores de la dominación colonial y con arrogancia agregaba: "Que se hable algún día de la república, la potencia de Chile, la majestad del pueblo chileno".A la exaltación producida por esa propaganda se añadió en los meses siguientes un grave sobresalto que ahondó la rivalidad entre chilenos y españoles.

El motín de Figueroa

En los primeros meses de 1811 se efectuaron las elecciones de diputados en los diferentes distritos, en asambleas muy parecidas a los cabildos abiertos. En Santiago, la elección fue fijada para el 1 de abril, pero se retrasó a causa de un motín encabezado por el coronel español Tomás de Figueroa, que contando con el apoyo de los españoles quiso poner fin al movimiento criollo. Una ligera escaramuza en la plaza de armas desbandó a los insurrectos. Su jefe, hecho prisionero, fue ajusticiado con toda celeridad.

La Junta actuó en esa ocasión con la mayor decisión impulsada por Juan Martínez de Rozas. Se acusó a la Real Audiencia como centro de reacción e instigador de la asonada. Ante el temor de correr la misma suerte que Figueroa, los miembros de la Audiencia abandonaron Chile, disolviéndose este organismo en junio de 1811.

La desaparición de este tribunal constituyó un hecho de la mayor importancia, en cuanto representaba al rey y sus atribuciones se extendían más allá de la simple administración de justicia, para alcanzar incluso materias de gobierno. En adelante, los españoles se vieron reducidos a total impotencia, observados por las autoridades y temerosos del afianzamiento de la causa criolla.

Pasados los incidentes, los diputados de las provincias que ya se encontraban en la capital, exigieron que la junta les incorporase a su seno. Admitida su solicitud, la junta con los diputados pasaron a constituir un cuerpo político denominado Directorio Ejecutivo.

La medida más importante tomada por el nuevo organismo durante su breve mandato, fue la creación de un Tribunal de Apelaciones, que tomó el lugar de la Audiencia, pero reducidas sus atribuciones exclusivamente a materias judiciales. Estaba compuesto por cuatro magistrados.

Había procedido como un gobierno de hecho, asumiendo todo el poder público, hasta formar un ejército propio; reformar con la libertad de comercio un sistema económico que llevaba siglos de existencia; disolver la más alta corte de justicia, secular también, que había en la colonia, y dotar por último al país de un Congreso Nacional, como si ya se tratara de un Estado independiente.

La responsabilidad de tales actos era abrumadora, por las consecuencias que debían traer, pero ella no arredró a sus hombres, entre los cuales Martínez de Rozas, que los conducía, encaminó en todo momento la Junta hacia la constitución del nuevo Estado.

A continuación, Ver Primer Congreso Nacional.

Compilación: Profesor en Línea.

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